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Apr. 1st, 2009

groucho

LA PEOR DE SUS PESADILLAS



 
Una noche más, como cada noche desde hacia dos años, Ryan se despertó súbitamente. Sin embargo, esta vez, todo parecía diferente. No sintió ese sudor frío que le empapaba el cuerpo cuando despertaba y se incorporaba de medio cuerpo en su cama como si un resorte saltara en su cintura. Esta vez, el resorte no saltó y no había sudor frío. Solamente hacía frío y su cama le pareció dura y heláda. Además no vio la luz de la lámpara que Ryan dejaba toda la noche encendida en una mesilla en la esquina derecha de su habitación, esta vez la luz provenía de arriba y era prácticamente cegadora.
 
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Tres años atrás, Ryan era pasante en un prestigioso bufete de abogados de New York. Llevaba en ese puesto casi un año, desde que se licenció en la universidad de Columbia. Uno o dos años más como pasante y seguramente ascendería al plantel de abogados y quien sabe si con los años y muchos juicios ganados alguna vez le propondrían ser asociado. Claro, que ese era el sueño de su madre que vio como una viuda, a base de muchos años de duro trabajo, de horas extras, de doblar turnos y de privarse de prácticamente todos los caprichos, pudo enviar a su hijo a una buena universidad y si dios le daba fuerza y los años suficientes, posiblemente también lo vería convertido en un famoso abogado de esos que en un solo año ganan tanto dinero como ella había ganado en toda su vida. Ese era el sueño de Claire para su hijo y en un principio también el de Ryan, pero en el año que llevaba en el bufete, había visto pasar ante sí muchas injusticias, incluso había ayudado a cometer muchas de ellas. El bufete representaba a grandes empresas, millonarios, aseguradoras, etc,etc y ponía a su disposición los mejores abogados para sacar adelante despidos sin ningún tipo de indemnización para el trabajador o sentencias a favor de una financiera multimillonaria que gracias a un tecnicismo enrevesado y rebuscado, dejaba sin casa y sin recursos a una pobre familia del Bronx. Ahora, cada vez que Ryan tenia un nuevo caso de estos, no podía dejar de pensar que esa mujer a la que iban a despedir y a dejar sin seguro medico, podría haber sido perfectamente su propia madre o que esa familia a la que se le ha quemado su casa y la aseguradora no iba a indemnizar, podría ser su propia familia.  Ryan sabia que su madre se llevaría el disgusto de su vida, pero él no podía seguir ni un minuto más en aquel bufete haciendo y nunca mejor dicho, de abogado del diablo. Le costaría, pero al final Claire también lo entendería. Seguro que por mucho dinero que pudiera ganar su hijo, Claire no quería verle convertido en un monstruo sin piedad, escondiéndose tras la Ley para cometer las tropelías que los poderosos solían cometer contra los más débiles. Ryan dejó su trabajo en el bufete, pero la cosa no quedó ahí. Ryan se sentía sucio y necesitaba de alguna manera “expiar su pecados”. Hizo un curso intensivo de auxiliar de enfermería y pocas semanas después salía junto a un medico, un pediatra y una enfermera hacia una aldea de Ruanda como cooperantes sanitarios en una ONG.
 
 
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Era su visita semanal a la consulta del la doctora Kenneth. Ryan acudía semanalmente a terapia con Wanda Kenneth desde unos meses después de volver de Ruanda. En realidad Ryan no creía en absoluto que la doctora Kenneth pudiera ayudarle con su problema. Por muy psiquiatra que fuera, que podía saber una persona acomodada como ella, que seguramente jamás se había visto sin la protección que primero le dieron sus padres y después su marido, que podría saber una mujer así de las miserias del mundo, del dolor de los parias y sobre todo, que podía saber Wanda o cualquier otra persona que no lo hubiera vivido como lo vivió él, de la crueldad, de la barbarie, del odio y de lo perversos que podemos llegar a ser los seres humanos incluso con nuestros propios congéneres. Desgraciadamente, Wanda, aunque por razones distintas, pensaba igual que Ryan. Llevaba aproximadamente año y medio tratando a Ryan y no había atisbado en él ni una leve mejoría. Las recurrentes pesadillas de Ryan donde le despedazaban miembro a miembro y órgano por órgano de mil y una formas distintas, acudían noche tras noche hasta su mente torturándolo de manera tan real que prácticamente desde hacia dos años no había podido dormir más de dos o tres horas diarias. Las pesadillas que desquiciaban la mente de Ryan y sobre todo la falta de sueño durante casi dos años habían hecho mella sobre la salud de Ryan. No solo física, que también, si no mental que era lo que más preocupaba a Wanda. Ya había tratado antes varios casos similares al de Ryan. Un par de veteranos de la Guerra del Golfo que habían tenido episodios muy traumáticos durante su misión en Irak y que al igual que Ryan tenían un grave cuadro de stress postraumático con pesadillas recurrentes e insomnio. En ambos casos Wanda no pudo ayudarles y los dos veteranos terminaron por suicidarse. Wanda sabia que aunque ella no hubiera podido ayudarles, no había sido culpa suya, aquellos dos veteranos que había tratado Wanda no eran ni muchísimo menos los únicos casos de suicidio entre veteranos del Golfo. había un estudio hablaba de 6.256 suicidios entre veteranos de Corea, Vietnam y el Golfo. Pero eso no reconfortaba demasiado a Wanda. Sabia que si Ryan seguía con sus pesadillas y no lograba dormir al menos 5 o 6 horas diarias acabaría como esos dos pobres veteranos de guerra.
 
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Era 23 de diciembre, estarían todo el día en el consultorio de Tamira y el día 24 volverían a Mogadiscio para pasar la noche buena junto a otros equipos de sanitarios de la ONG. El equipo de Ryan visitaba Tamira una vez al mes. Su equipo se encargaba de pasar consulta en unas 50 aldeas de Ruanda, una o dos cada día. Tamira era un aldea creada en 1997 para acoger a 370 tutsis que regresaron del vecino Congo tras la victoria de las tropas del Frente Patriótico Ruandés. La mayoría eran los únicos supervivientes de sus familias después del genocidio de los hutus contra los tutsis en 1994. Hacia ya mas de un año que en toda Ruanda no se habían producido mas ataques y la gente empezaba a superar la tragedia. El barracon de madera que hacia de consultorio en Tamira era un lujoso hospital comparado con las chozas de paja y barro de la mayoría de las aldeas. A Ryan le encantaba ir a Tamira. Le reconfortaba enormemente poder ayudar a aquellos niños huérfanos, a las viudas y a los pocos hombres que quedaron después de la terrible experiencia de ver impotentes como asesinan a todos tus seres queridos. Además, desde dentro del consultorio y a través del gran ventanal del barracon, Ryan podía ver mientras desempeñaba su trabajo de auxiliar, las cumbres del volcán Karasimbi y Ryan se imaginaba allí arriba entre la niebla con sus gorilas a Sigourney Weaver o mejor dicho a la doctora Dian Fossey con la cara de Sigourney Weaver.
El día transcurría como cualquier otro en el consultorio. El doctor Bernard que era el pediatra pasaba consulta a los menores de 14 años en una sala improvisada con cuatro biombos de cañas. El doctor Pettersen se ocupaba de los adultos en una contigua e igualmente improvisada sala con biombos de caña. Al fondo del barracon otro par de biombos separaban otra parte que se utilizaba como intendencia para las medicinas, material medico y lencería. El resto del barracon se utilizaba de sala de espera. Nicole era la enfermera. Los doctores seguían atendiendo pacientes y Nicole limpiaba y cosía las heridas, ponía inyecciones y vacunas o vendaba a los pacientes que lo necesitaban.
Mientras tanto Ryan reponía a Nicole y a los doctores el material medico que iban necesitando, jeringuillas, ampollas de penicilina y guantes y campos estériles y retiraba los vendajes, sabanas y campos sucios al baúl de bambú que había en el apartado de intendencia. Justo donde se encontraba cuando desde dentro del barracon se oyó una ráfaga de disparos y gritos. A los pocos segundos y después de un gran estruendo, se abrieron de par en par las puertas del barracon y entraron como una veintena de hombres. Todos ellos armados, 5 o 6 con fusiles y el resto con machetes. Fuera se seguían oyendo gritos de dolor y dentro los niños se habían refugiado debajo de las sillas y de una gran mesa que había en el centro del barracon. Algunas mujeres intentaron tapar a sus hijos con sus cuerpos. Los hombres tutsis que había dentro del barracon no reaccionaron, parecían haberse quedado paralizados, posiblemente aterrados por la visión de lo que ciertamente esta vez el destino no les salvaría. Los únicos que se enfrentaron a aquellos hombres fueron Pettersen y Bernard que salieron de sus consultas tal vez inconscientes de lo que en realidad estaba pasado. Bernard fue el primero en caer, una ráfaga le atravesó las piernas. Pettersen intuitivamente se abalanzó sobre el que había disparado, pero antes de que ni siquiera hubiera dado un paso, desde atrás surgió un enorme brazo negro que sostenía en su mano un no menos enorme machete que de un solo y certero tajó decapitó a Pettersen. El doctor Bernad seguía en el suelo, herido y aterrorizado por la visión de la cabeza sangrante de su colega justo a su lado derecho. La agonia de Bernard no duró mucho, mientras uno de los hutus lo levanto, otro le clavó el machete y lo retorció dentro de su cuerpo hasta que Bernard soltó una bocanada de sangre y calló al suelo muerto cuando el otro hutu lo soltó. Hasta entonces, Nicole que se encontraba en el centro de la sala había pasado desapercibida para los asesinos, pero la decapitación de Pettersen la había hecho soltar un seco grito de terror y los que parecían ser los cabecillas de la banda se encaminaron hacia ella. Nicole miró nerviosamente a todas partes para ver por donde podría huir mientras los asesinos se aproximaban hasta ella. No encontró ninguna salida e intentó refugiarse tras los biombos de intendencia, pero los hombres la alcanzaron antes de que hubiese podido llegar aunque a Nicole tampoco le hubiera servido de nada.  Tres hombres retenían a Nicole mientras ella gritaba, mordía y pataleaba lo que podía. Unos de los hombres le propinó un puñetazo en toda la cara y la dejó sin sentido. Los demás hutus habían comenzado a mutilar salvajemente a los hombres. Excepto alguno que había vencido su miedo inicial y se enfrentó a los hutus y fue pasado a cuchillo, el resto fueron colocados con las manos sobre la gran mesa de madera que había en el centro del barracon  mientras uno les sujetaba desde atrás las manos sobre la mesa, otro con un golpe de machete se las cortaba.
Mientras tanto Ryan contemplaba horrorizado la dantesca escena a través de los huecos que el trenzado de las finas cañas de bambú dejaba en el baúl de la ropa sucia donde Ryan aprovechando el desconcierto de los primeros instantes del ataque había acertado a esconderse antes de que nadie hubiera reparado en él. Los tres hombres que habían atacado a Nicole la desnudaban arrancándole la bata y la ropa interior a tirones. Uno de ellos la violó salvajemente con el cañón de su fusil hasta que los muslos de Nicole se llenaron de sangre proveniente de su vagina. Cuando el primero acabó de violar a Nicole, el segundo desambainó su machete y le cortó los pechos. Gracias a dios Nicole se encontraba sin conocimiento desde que se desmayó por el puñetazo en la cara. Después el tercer hombre hincó su cuchillo por encima del pubis de Nicole y con fuerza tiró de él hacia arriba hasta que tropezó con el esternon, abriendo en canal a Nicole y sacando los intestinos de su cuerpo.
Todo aquello ocurrió ante los ojos atónitos de Ryan. Agachado y arrodillado dentro del baúl de la ropa sucia. Incapaz de mover un solo músculo ni siquiera para cerrar los ojos y no ver todas aquellas atrocidades.
Una hora después, cuando todo había acabado y los hutus se habían ido después de dejar 31 cadáveres y 11 hombres mutilados, solo entonces Ryan pareció volver a la vida. seguía en la misma posición dentro de aquel baúl de bambú y un fuerte olor a sangre le hizo despertar de ese letargo en el que estaba sumido. El olor de la sangre penetro en su nariz y por primera vez desde que aquella horrible pesadilla empezó, notó que una parte de su cuerpo podía moverse. Era su estomago. Una nausea le vino desde el estomago a la garganta y vomitó.
 
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Ryan estaba intentando con todas sus fuerzas incorporarse en esa dura y fría cama en la que se había despertado pero no conseguía mover ni un músculo. Tenia los ojos abiertos pero no veia nada mas que aquella luz cegadora de la potente lámpara que tenia encima de él y tampoco fue capaz de cerrarlos.
De repente oyó por encima de él una voz grave que decía:
-Doctor Nicolas Mcdowell. Forense del Presbyterian Hospital. Autopsia de Ryan Callen. 26 años. 173 cm de altura. 78 kg de peso. Posible causa de la muerte; parada cardiorrespiratoria a causa de una sobredosis voluntaria de bisoprolol y lorazepam sin descartar alguna otra sustancia más.
Ahora Ryan además de paralizado estaba horrorizado por lo que estaba oyendo. No
entendía nada.
La voz grave continuó:
-Me dispongo a hacer una incisión en forma de i griega desde el torso hasta el abdomen.
Tras una visera de perxiglass, Ryan vio la cara del doctor Mcdowell asomar por debajo de la cegadora lámpara. Nicolas Mcdowell era afro americano, corpulento y alto. En la mano derecha asía un bisturí que acercaba al pecho de Ryan para hacer una incisión desde casi
el hombro izquierdo hasta el centro del pecho y otra igual en el otro lado y después un corte más desde donde se juntaban los dos anteriores hasta el final del abdomen. Ryan sintió como una fuerte quemazón seguido de un indescriptible dolor cuando el doctor Mcdowell metió las manos por las incisiones del pecho y tiro con fuerza hasta separar la carne del esternón y las costillas. Ryan seguía sin poder moverse ni articular palabra para que aquel carnicero dejara de torturarle.
-Me dispongo a separar la parrilla costal- siguió dictando el doctor Mcdowell a la grabadora que recogía los pasos seguidos en las autopsias para luego redactar correctamente el correspondiente informe.
Bajo la lámpara volvió a aparecer la cara del doctor y esta vez en las manos llevaba una mini sierra eléctrica. Mcdowell se bajó la visera, encendió la sierra y se dispuso a cortar los cartílagos costales a 1cm. de las uniones costocondrales hasta la segunda costilla sin perforar para no dañar los pulmones. Después separó el diafragma desde el esternon hacia las costillas. Esta vez el dolor no fue tan fuerte, pero el olor a hueso quemado y ver su sangre salpicando la visera que cubría la cara del doctor Mcdowell lo acentuaba bastante. Ryan sintió en su abdomen el peor retortijón que nadie podría sentir en toda su vida. Era el doctor Mcdowell abriéndole la cavidad abdominal y extrayendo su estomago, el cual pasó a su ayudante para que lo diseccionara y extrajera su contenido. Al pasar el estomago de unas manos a otras por encima de la cara de Ryan, cayó una gota de sangre que fue a parar a los labios entre abiertos de Ryan y que posteriormente se deslizó hacia el interior de su boca. Fue entonces cuando Ryan se dio cuenta de un detalle más que le hizo darse cuenta de que aquella pesadilla difería en mucho de sus pesadillas habituales. Nunca hasta entonces en los dos años de pesadillas había tenido sensaciones de sabores y de olores. Experimentaba miedo, el mismo miedo que pasó en Ruanda y también dolor, aunque ahora descubría que no era nada comparado con el que estaba sufriendo ese día. Pero no recordaba ningún sabor u olor en las pesadillas. La gota de sangre llegó hasta su lengua y sintió su sabor salado. Entonces llegó a su nariz el olor ferrico de la sangre y tal y como hacia dos años en aquel baúl de bambú le sobrevino una nausea, pero esta vez no vomitó puesto que su estomago estaba a su derecha en una bandeja de acero inoxidable siendo abierto por el ayudante del forense que vaceaba en un tarro de muestras su contenido donde podían observarse los restos de las mas de 100 pastillas que Ryan se había tomado la noche anterior.
De nuevo sintió una fuerte quemazón sobre su piel, esta en la cabeza donde el doctor Mcdowell había cortado con el bisturí desde un pabellón auricular hasta el otro. Y la quemazón de segundos anteriores se convirtió en un inaguantable dolor cuando el forense separó los planos del cuero cabelludo hacia atrás y hacia delante para poner al descubierto
el cráneo desnudo. Una vez más Ryan olió el hueso quemado por la sierra cuando el doctor Mcdowell le recortó el cráneo hasta dejar al descubierto su cerebro. Luego sintió una fuerte descarga eléctrica que le recorrió toda la columna vertebral cuando el forense hundió sus manos por ambos lados del cráneo hasta la base del cerebro para extraerlo cortando el bulbo raquídeo por encima del agujero occipital. Aquella descarga eléctrica hizo que los músculos de Ryan volvieran a la vida y sintió como ahora ya podría moverse y seguramente gritar pero en ese preciso momento el doctor tiró hacia sí del cerebro de Ryan librándolo de una vez por todas y para siempre de la que sin duda había sido la peor de sus pesadillas.
 
Fin
 

Aug. 29th, 2008

groucho

AMORES DE PLASTICO


Había llegado el final para Hannah,el final tras el largo cautiverio. Tras meses de ser usada por Peter, este había decidido deshacerse de ella. Había encontrado un nuevo juguete, más nuevo y mucho más hermoso que Hannah.
Hannah vio a Peter abrir la puerta y dejar a su lado dentro de aquel pequeño habitáculo donde la recluía, una gran caja nueva que le recordó como y por qué había llegado ella hasta allí. Algo que ya había olvidado, tal vez victima del llamado síndrome de Estocolmo que poco a poco le hizo ir olvidando lo que era hasta llegar a enamorarse de su propio verdugo.
Hacia catorce meses que Peter había llevado a su casa a Hannah. Peter aunque vivía solo en su piso, tenia novia; Sarah. Y aunque normalmente su vida de pareja con Sarah la hacían en casa de ella, alguna que otra vez habían cenado en casa de Peter y después habían hecho el amor y dormido juntos en el piso de Peter, en su dormitorio, apenas a dos metros de donde mantenía escondida a Hannah. Cosa que no preocupaba en demasía a Peter. Alguna vez incluso había pensado en hacer participe a Sarah de sus juegos sexuales con Hannah, pero siempre lo había desechado, posiblemente era algo que ella no llegaría a entender. Mientras tanto, Hannah oía desde su reclusión hacer el amor a Peter y Sarah y comprendía por que Peter la necesitaba a ella a pesar de tener a Sarah; Peter hacia con Hannah todo lo que no se atrevía a pedirle a Sarah que hiciera con él. Cuando Peter hacia el amor con Hannah, ella percibía que Peter ponía más empeño, más interés que con Sarah. Con Sarah era todo más metódico, rutinario, sin embargo con ella era puro fuego, sexo salvaje y eso agradaba y mucho a Hannah.
Hannah había sido durante más de un año la esclava sexual de Peter y sin embargo había llegado a enamorase de él, a comprenderlo y hasta disculparlo y ahora él estaba apunto de tirarla a la basura. Hannah lo había comprendido al leer en aquella caja que Peter había dejado a su lado: “Natasha. Asian Realdoll. Realistic solid silicone doll, Sexually functional with three entries, Choose from hair and eye options, All the models are supple-bodied with a soft skin, sleek with a natural glow.”. Una perfecta  y hermosa cara de adolescente asiatica se dejaba entrever por una ventanita de perxiglass.
Natasha pertenecia a una nueva generación de muñecas de silicona de aspecto totalmente humano contra las que las muñecas hinchables como Hannah no tenían ninguna posibilidad.

FIN






Mar. 24th, 2008

groucho

NUEVO RELATO, INCONCLUSO Y AÚN SIN TITULO



CAPITULO UNO

Valencia, Febrero de 1970

La vida había puesto a prueba a Eva incluso antes de nacer, cuando tuvo que abandonar la calidez del vientre materno casi treinta días antes de lo previsto por una de las primeras palizas que su padre propinó a su madre. La vida continuó maltratándola durante los años siguientes como su padre maltrataba a su madre, hasta que con dieciséis años decidió tomar su propio camino y se marchó de casa. Su padre ni siquiera la echó en falta hasta pasadas algunas semanas y su madre no hizo nada por impedir que se fuera, pensó que tal vez eso fuera lo mejor para su hija. Ella ya no aguantaría mucho más y cuando ella faltase, no quería ni imaginar que seria de su hija sola con aquel monstruo.

Varias semanas después y apunto de tirar la toalla, Eva tuvo su primer golpe de suerte, seguramente el primero en toda su vida. Aún no había encontrado ningún trabajo  y el poco dinero con el que había salido de casa, más el que encontró en su bolsa que seguramente había puesto allí su madre sin que ella lo supiera, se habían acabado. Deambulaba hambrienta, ahora ya mendigando puerta por puerta por la Malva-Rosa, cuando desfalleció delante de una furgoneta que casi la atropella. Aquella furgoneta la conduciría hasta Ibiza, donde pasaría los mejores años de su vida. Las otras alternativas habrían sido robar y acabar con toda seguridad en la cárcel de mujeres de Valencia o prostituirse, obligada por algún chulo a ofrecer sus favores sexuales a todo tipo de asquerosos hombres en algún infecto burdel del puerto.

Eva despertó dentro de la furgoneta, tumbada sobre una colchoneta que cubría todo el suelo de la parte trasera, Rachel intentaba darle de beber un poco de agua. Mike la había recogido de la calle, apenas a un metro del morro de su furgoneta y la había metido dentro. Aparcados en la playa, esperaron a que Eva despertase. Decidieron no llevarla a ningún hospital, Rachel había sido enfermera y podía atenderla perfectamente  porque era evidente que el único mal que tenía era la falta de comida.
Mike, Kate y Rachel eran ingleses, llevaban varios años recorriendo Portugal y España en su furgoneta. habían llegado a Valencia con la intención de embarcar y dirigirse hasta Ibiza. En 1970, Ibiza se había convirtiendo en el epicentro de la corriente hippie en Europa y hacia allí se dirigían todos aquellos dispuestos a seguir aquella  filosofía de vida. La filosofía del amor libre, la de las comunas, la de paz y amor, la de la marihuana y el LSD.
Al día siguiente y después de haber descansado veinticuatro horas seguidas y comido varias veces, Eva estaba totalmente recuperada. Charlando con los ingleses les contó las peripecias de su vida y las circunstancias por las que había llegado hasta allí, pero omitiendo que era menor de edad, porque aunque era casi ochomesina, estaba muy desarrollada, sus dieciséis años bien podían aparentar tres o cuatro más. De todas maneras a Mike, Kate y Rachel tampoco les hubiera importado lo más mínimo, vive y deja vivir era otra de las máximas de los hippies. Por su parte, ellos le contaron que querían ir a Ibiza y que estarían por Valencia un par de meses, hasta que llegase primavera y hasta que tuvieran suficiente dinero para embarcarse ellos y la furgoneta. Se ganaban la vida confeccionando abalorios de bisutería con cuentas y todo tipo de piedras y conchas, cinturones, correas y pulseras con cuero para luego venderlas en mercadillos y rastros. Desde luego no ganaban mucho, pero les daba para la gasolina y para comer que eran los únicos gastos que tenían. Ahora deberían de sacar algo más para el barco a Ibiza donde tenían pensado o bien unirse a alguna comuna ya formada o formar una comuna propia donde luego se fuera uniendo más gente. Propusieron a Eva que se quedara con ellos hasta que se fueran a Ibiza o hasta que encontrara algo mejor donde por lo menos poder comer y dormir. Eva no tenia nada que perder y aunque los hippies le parecían bastante raros y solo chapurreaban el español decidió aceptar, de lo contrario, lo mas probable es que en pocos días volviese a estar en la misma situación en la que la encontraron los ingleses.

Los meses siguientes estuvieron vendiendo de mercadillo en mercadillo por los pueblos de alrededor de Valencia. Por las tardes se dedicaban a recorrer la playa buscando conchas y piedras para luego hacer los abalorios. Eva por supuesto les ayudaba y aprendió también a fabricar las pulseras y collares. Además ya iba vestida como Kate y Rachel; una cinta en la frente, largos vestidos estampados con coloridas flores, ponchos de lana para protegerse del frío y todo tipo de abalorios y collares colgados, pero aún no podía decirse que fuera una de ellos. Eva aún no se había acostumbrado a eso del amor libre. Mike hacia el amor con Kate y con Rachel a la vez, eran como una especie de pareja de tres. Incluso creyó entender alguna vez, cuando se tumbaba en los asientos delanteros de la furgoneta por que hacia demasiado frío para salir fuera, que Kate y Rachel también hacían el amor entre ellas. No es que estuviese en contra, la verdad es que  también ella era partidaria del vive y deja vivir, pero no eran las costumbres españolas y le costaba hacerse a la idea.
En poco más de tres meses  ya tenían el dinero suficiente para los pasajes, además le dejarían una parte a Eva. Esta vez fue Eva quien se lo propuso a ellos. Durante esos meses, también había estado buscando trabajo, de sirvienta en alguna casa, en fabricas de conservas o incluso en el campo o en el puerto, pero no encontró nada y nada le hacia pensar que aquello iba a cambiar, por lo que pidió a Mike, Kate y Rachel acompañarles a Ibiza. Por supuesto ellos aceptaron y pocos días después los cuatro desembarcaron  en la isla.

CAPITULO DOS

Ibiza, Junio de 1970

Las primeras semanas en Ibiza las pasaron igual que en Valencia, recorrían los mercadillos y rastrillos de la isla vendiendo sus abalorios, sin embargo ahora ya apenas sacaban para poder mantenerse. Ironías de la vida, en la cultura de lo comunitario, en la filosofía que detestaba la propiedad privada y la acumulación de bienes, también se había instalado la competencia comercial al más puro estilo capitalista que tanto odiaban los hippies. Había cientos de puestos hippies en cada mercado, incluso por bares y calles ofrecían sus mercancías a turistas y nativos. La competencia llegó al punto de que ya no se podía vivir de aquello.
Ante tal panorama, Mike acordó con las tres chicas unirse a una comuna donde todo seria más fácil. Aunque otro de los objetivos del movimiento hippie era desterrar el machismo de la sociedad, Mike no podía dejar de sentirse responsable de las chicas, sobre todo de Eva, aunque a esta no la veía con los mismos ojos que a kate y a Rachel, con Eva, había nacido en Mike un sentimiento casi paternal.
Ya eran bastantes las comunas instaladas en la isla, pero Mike no quería tomar la decisión a la ligera y se tomó su tiempo para decidir a cual unirse. Preguntaron una y otra vez a todo el que podían, sopesaban pros y contras de una u otra comuna. Sin embargo, al final se dejaron influenciar por el halo de fama que rodeaba al fundador de una nueva comuna que a pesar de tener apenas unos meses ya contaba con un gran numero de componentes.
La comuna, a pesar de ser la más grande y famosa de toda Ibiza, estaba alejada de la capital, al noroeste de la isla, a unos kilómetros de Sant Antoni de Portmany. La comuna había sido fundada a finales del 69 por un norteamericano que ahora se hacia llamar Julius. Julius llegó a Ibiza precedido de su fama de activista contra sistema. había participado y promovido manifestaciones contra la participación de su país en la guerra de Vietnam, estuvo en el archifamoso mayo francés y prácticamente en cualquier acontecimiento antisistema donde hubiese la bulla suficiente para tener repercusión mundial. Julius alardeaba de que era amigo personal de Jimi Hendrix y Janis Joplin entre otras celebridades comprometidos con la cultura hippie. Era una especie de Gurú para los componentes de la comuna, todos le seguían ciegamente y pese a que el espíritu de las comunas era compartir todo, que todos los componentes eran iguales y que nadie mandaba sobre los demás, Julius era sin duda el que manejaba aquella comuna y a sus habitantes, bueno, Julius y sus “ayudantes” que se quedaban al mando cuando Julius viajaba a Estados Unidos o cualquier otro lugar del mundo para asistir a manifestaciones, conferencias o conciertos y que era bastantes meses al año. Julius llevaba una vida bastante ajetreada, todo lo contrario de lo que debería ser la vida de un hippie, sobre todo en lo que se refiere al dinero. Todos esos viajes a todas partes del mundo debían de costar muchísimo dinero, pero nadie preguntaba jamás de donde lo sacaba. A parte de los tejemanejes de Julius, la comuna funcionaba sin aparentes problemas.

Eva, Rachel, Kate y Mike llegaron a Sant Antoni de Portmany cerca del medio día, aparcaron en la plaza y esperaron a que apareciera por allí alguien que les pudiese guiar hasta la comuna que se encontraba alejada del pueblo, a unos kilómetros, en una antigua masía abandonada y medio derruida. No tardó mucho en aparecer un chico bastante joven, con el pelo largo como todos los hippies, pero sin la característica barba ya que era demasiado joven como para tener una prominente barba como Mike o cualquier otro hippie. El joven que era catalán y se llamaba Andréu aunque como muchos hippies se había cambiado el nombre y ahora se hacia llamar Andy, resultó vivir en la comuna y se ofreció encantado a llevarlos hasta ella, sobre todo después de ver a Eva. Andy hablaba con Mike en la plaza a unos metros de la furgoneta, le explicaba el camino que tenia que seguir para ir a la comuna. Rachel y Kate descansaban en la parte trasera de la furgoneta y Eva estaba sentada en la parte de adelante escuchando música, puso una cassette  de Joan Baez, el volumen estaba muy alto y llamó la atención de Andy que rápidamente dirigió su mirada hacia la furgoneta. Eva, intuitivamente, también miró hacia donde estaban los chicos y su mirada se cruzó con la de Andy. Ambos clavaron sus miradas el uno el otro durante unos instantes esbozando una leve sonrisa hasta que Mike les interrumpió apremiando a que Andy le siguiese explicando el camino hacia la comuna. Andy cambió inmediatamente de actitud y dijo a Mike que el mismo les acompañaría hasta allí. Mike se puso al volante y Andy se sentó junto a Eva. Se pusieron en marcha, Andy iba dando instrucciones a Mike y de vez en cuando miraba a Eva y volvían a sonreírse. El camino hacia la vieja masía era pedregoso y lleno de baches, los vaivenes de la furgoneta incomodaron a las chicas de atrás que se asomaron a la parte delantera para ver que pasaba. Rachel los pilló mirándose y atisbó en la cara de Eva una sonrisa y un brillo en los ojos que no había visto en ella en los meses que la conocía. Era como si por primera vez la viese realmente feliz. El camino subía hacia una especie de montecito, desde allí y muy abajo se veia una pequeña cala, preciosa y solitaria a la que según les contó Andy solo se podía llegar por mar o bajando por un estrecho y empinado camino que muy poca gente conocía y por el que se tardaba casi una hora en llegar a la cala.
Desde la plaza del pueblo no habría ni diez kilómetros hasta la comuna, pero tardaron más de veinte minutos en llegar a través de aquel camino. Por fin llegaron, había gente trabajando remendando el maltrecho tejado de la vieja masía, también había gente en una especie de huerto. Todos dejaron lo que estaban haciendo y se pusieron a mirar mientras los cinco se bajaban de la furgoneta. Andy se adelantó y pasó a la casa a buscar a Kiran, uno de los ayudantes de Julius.



CAPITULO TRES

Nueva York, Agosto de 1969


Robert Hunter y Emily Miller  acababan de salir de su reunión con sus superiores de la DEA, les habían informado de su próximo trabajo; debían seguir las actividades de un esquivo joven, sospechoso de traficar con marihuana, LSD y otras drogas psicotrópicas. El joven era un tal Nicholas Clayton, del que la DEA tenia fundadas sospechas de que aprovechaba diferentes manifestaciones contra la guerra de Vietnam o la política del Gobierno Norteamericano y conciertos de rock para distribuir droga entre los asistentes.
Hunter estaba completamente seguro de que Clayton no desaprovecharía el festival de rock que se iba a celebrar en unos días en el condado de Sullivan en Nueva York para hacer sus negocios. La cosa no iba a ser fácil ni mucho menos, estaba previsto que al festival asistieran entre cuarenta y cincuenta mil personas Aquello iba a ser como buscar una aguja en un pajar.
Era jueves, el concierto comenzaría el viernes y se prolongaría hasta el domingo. Hunter y Emily tendrían que camuflarse entre los asistentes como dos más de ellos, venidos expresamente desde Virginia para asistir al festival. Para no levantar sospechas, se vistieron al más puro estilo hippie y fueron  a Central Park. Querían unirse a algún grupo de fuera de Nueva York que fuesen a asistir a los conciertos. No tardaron mucho en conseguirlo, vieron a un pequeño grupo de jóvenes sentados sobre la hierva cantando y tocando la guitarra. Se acercaron y preguntaron si sabían donde se iba a celebrar exactamente el festival y si iban a ir. Les indicaron que el concierto seria en Bethel a unos 175 Km. de Nueva York y que tenían pensado salir esa misma tarde hacia Bethel en tren. Emily y Hunter aprovecharon para ofrecerse a llevarlos en su furgoneta ya que viajaban solos. Los jóvenes no desaprovecharon la oportunidad y aceptaron al momento, en pocos minutos Hunter y Emily ya formaban parte del grupo hippie.
La siguiente parte de su plan era bastante más difícil de conseguir. Debían identificar al tal Clyton, comprobar que efectivamente distribuía droga y detenerlo si así fuera. Para ello lo primero era hacer creer a todo el mundo que estaban buscado una cantidad grande de drogas para llevar a su supuesta comuna en Virginia. Comenzaron por sus nuevos compañeros de viaje que por supuesto no conocían a nadie que pudiera suministrarles tanta droga, ya que ni siquiera eran de allí, pero era un primer paso para convencerles y alejarles de toda sospecha e incluso para que sin  saberlo les ayudaran a encontrar a Clayton.
Salieron hacia Bethel el mismo viernes por la mañana, el primer concierto empezaba a media tarde, por lo que creían que tenían tiempo suficiente para llegar. Recorrieron los 175 Km. en poco más de tres horas Llegar hasta la granja donde debía celebrarse el festival iba a ser otra historia. habían pasado Bethel y tenían que dejar la RT-17B para coger a la derecha Perry Rd. la carretera que llevaba que hacia la granja. Apenas les quedaba un kilómetro para coger el desvío por Perry Rd y otro kilómetro más desde allí hasta la entrada del recinto, pero la carretera estaba atestada de coches, furgonetas y motos y el campo libre a ambos lados del camino era una autentica marea de gente que se dirigía a pié hacia la granja. Parecía que los cincuenta mil asistentes se hubiesen puesto de acuerdo para llegar todos a la misma hora. Cuando por fin recorrieron esos dos kilómetros hasta la entrada, habían pasado mas de cinco horas y cuando terminaron de aparcar la furgoneta y llegaron hasta la zona del escenario ya se habían perdido las actuaciones de seis o siete artistas. Para más desesperación de todos los que habían pasado por aquella tortura de la interminable cola, ya bien entrada la noche comenzó a llover, aunque aquello no espantó a los asistentes, entre otras cosas por que no podían ni moverse. Tampoco asustó a Ravi Shankar, un músico hindú que tocó cinco canciones durante aquella lluvia.
Hunter y Emily no estaban para muchos conciertos, habían perdido todo el viernes y veian la cosa muy negra. De las cuarenta mil personas que había calculado la organización que acudirían, ahora se hablaba ya de mas de trescientos mil. Apenas se podían mover entre la gente y no imaginaban como encontrarían a Clyton entre aquella marabunta humana.

Nicholas Clayton tenía su negocio bien organizado. Consistía en una red de ventas piramidal. Para aquel festival, la droga la tenia escondida en cinco o seis puntos estratégicos que solo él controlaba. Tenía cinco distribuidores principales, uno para cada punto de droga a los que abastecía a unas determinadas horas y un determinado sitio que vigilaba previamente desde otro lugar privilegiado por si alguien había seguido a ese distribuidor. Después, cada distribuidor controlaba a otros cinco vendedores secundarios y estos a cinco vendedores finales que solo llevaban encima droga para vender como mucho a dos personas. Por supuesto los vendedores finales solo conocían a los anteriores en la cadena y no sabían quien eran los distribuidores principales ni mucho menos Clyton. Con los vendedores secundarios pasaba lo mismo y a su vez, ni distribuidores ni vendedores se conocían entre sí. Los únicos que conocían a Clyton eran sus dos “lugartenientes” y únicos amigos ; Taoyate Wamditanka, un nativo americano de la tribu de los Dakota o Sioux que había crecido con Clyton y Ethan Tyler, un joven de la misma edad que Clyton y Taoyate. Este sistema había proporcionado inmunidad a Clyton durante varios años, sin embargo, uno de sus proveedores se había ido de la lengua y ahora la DEA le pisaba los talones.

Eran casi las dos de la madrugada, Hunter estaba cansado. Cansado del viaje de tres horas, de la espera de más de cinco, de la maldita lluvia, de cantantes que ni conocía ni le gustaban y además estaba decepcionado por que no habían avanzado absolutamente nada y lo que era peor, presagiaba que los siguientes días seria más de lo mismo. Emily sin embargo si parecía disfrutar de la música, tal vez por que era más joven que Hunter. Estaba sentada en el suelo, descansando y escuchando una tranquila canción de Joan Báez, Hunter la cogió del brazo y tiró de ella para levantarla, le dijo que debían ir a dormir. Emily asintió, el de Joan Báez era el ultimo concierto del día y era mejor salir de allí antes de que todo el mundo se pusiese en marcha. Por supuesto ya habían abandonado la compañía de sus compañeros hippies, Hunter había comprendido que en absoluto podían ayudarles y tal vez si desenmascararles. Se encaminaron hacia la furgoneta y allí intentarían dormir. El sábado se presagiaba un día duro.

Emily despertó a Hunter y le ofreció un café en un vaso de plástico. Se había levantado a las ocho y había aprovechado de que a esa hora apenas si había nadie en pie para ir a la zona de aseos públicos y darse una buena ducha, después tomó un café en el bar y llevó otro para su compañero. Hunter por su parte, apenas había podido dormir, intentaba idear un plan para cazar a Clayton, pero por más que se devanó los sesos durante casi toda la noche, no imaginó como encontrar a un traficante entre cuatrocientas mil personas. El café de Emily le despejó un poco, cogió una toalla y se dirigió a los aseos para darse una ducha. Ahora ya eran mas de las diez y seguramente tendría que hacer una buena cola para poder ducharse. Mientras, Emily le esperaría en la furgoneta.

Emily Miller tenia veinticuatro años, era hija y nieta de policías. Había entrado en la DEA directamente desde la academia gracias a sus meritos. Sin embargo allí era la ultima, era la novata y además compañera subordinada de Hunter que no era precisamente uno de los mejores agentes de la DEA. Esa mañana había dejado su estricta indumentaria hippie y se había puesto un vaquero muy ceñido y una camisa con un escote muy abierto que dejaba ver buena parte de sus generosos pechos. Tenia el pelo largo y liso, negro al igual que sus ojos, no se podía negar que Emily era una mujer bastante atractiva. Estaba sentada en la furgoneta, repasando sus notas sobre el caso. Levantó un poco la vista de su libreta, frente a ella a unos veinte metros había un joven sentado sobre una Harley Davidson FLH Electra que llamó su atención. A Emily le atraían bastante las motos y se quedó un rato embelesada mirando aquella maravilla. El joven que estaba sentado sobre ella se dio cuenta de que Emily le miraba. Comía un sandwich y bebía una cerveza. Tenia una bolsa con otro sandwich y algunas cervezas más sobre el asiento de la moto, miró a Emily y levantó la bolsa con el sandwich y las cervezas como ofreciéndosela a Emily mientras mordía su bocadillo. Hasta entonces no se había percatado del joven, había estado admirando la Harley y ni le había visto. Emily miró la bolsa que le ofrecía el joven y cayó en la cuenta de que en más de veinticuatro horas apenas había comido y realmente tenia hambre y más ahora que veía comer al chico. Dejó la libreta y se dirigió hacia la moto.
- Hola, ¿ te apetece un sandwich ? .- preguntó el joven.
- Pues sí , muchas gracias. Acabo de darme cuenta de que ayer apenas comí y tengo hambre.
- Soy Ethan.- Se presentó mientras entregaba a Emily el sandwich y una cerveza.
- Yo me llamo Emily. Me estaba fijando en tu Harley, me gusta mucho.- decía Emily mientras daba un mordico al bocadillo.
- Si no tuviera que ir a trabajar ahora, podríamos haber ido a dar una vuelta con ella. ¿ Tal vez te apetezca que lo hagamos cuando tenga un rato?.
- ¿ Tocas en algún grupo?.- preguntó Emily.
- No, no, que va. Trabajo con el escenario y los equipos, soy el capataz de los montadores y técnicos.
Siguieron hablando un rato mientras terminaban sus cervezas. Ethan tenia que marcharse.
- Si quieres podemos quedar aquí mismo en unas horas y me escapo para dar una vuelta con la Harley.- dijo Ethan.
- No creo que pueda. He venido con un amigo y aún no sé que vamos hacer hoy.- respondió Emily.
- Es una pena. Si cambias de opinión puedes buscarme detrás del escenario. Pregunta por mí y si no estoy espera unos minutos, suelo salir algunas veces, pero no tardo demasiado en volver.
- Ok, pero no te prometo nada.- concluyó Emily.
Se despidieron y Emily volvió a la furgoneta a seguir con sus notas y a esperar a Hunter.

Hunter seguía sin encontrar la forma de localizar a Clyton. Estuvieron toda la mañana del sábado dando vueltas por todo el recinto; por los bares, los servicios, las cabinas de teléfono, incluso por un pequeño lago donde había cientos de personas bañándose totalmente desnudos. Vieron un montón de gente fumando marihuana o incluso trapicheando con alguna pequeña cantidad de acido, pero no encontraron ni rastro de nada que le pudiese llevar a Clyton. Eran las cuatro de la tarde, los dos estaban absolutamente derrotados, cansados y desanimados. Compraron comida y bebida y fueron hacia el aparcamiento para comer y descansar en la furgoneta. Cuando terminaron de comer Hunter ya lo había decidido; abandonaban, allí no tenían nada que hacer. había sido un error buscar a Clyton en aquella locura.
- Hunter, ya que estoy aquí ¿que te parece si me quedo para disfrutar de los conciertos?.- preguntó Emily.
- Ni lo sueñes. Tu vienes conmigo a Nueva York y cuando informemos al jefe de que hemos vuelto, si quieres, te vienes de nuevo. Aunque seamos compañeros, por ahora estás bajo mi tutela y soy responsable de tu seguridad.- respondió muy serio Hunter.
- Está bien, tu mandas.- dijo Emily visiblemente contrariada. – antes de salir hacia Nueva York, ¿puedo ir al servicio? Jefe.- preguntó Emily con sorna.
- No te enfades Emily, sabes que llevo razón.- dijo Hunter.
- Vale, espérame aquí, espero no tardar mucho si no hay demasiada gente.- terminó Emily y salió andando.

En cuanto estuvo segura de que Hunter no la veia se dirigió hacia el escenario. Emily quería hablar con Ethan para decirle que se iba y a ver si podía quedar con él en Nueva York. El espacio de detrás del escenario era una caos lleno de cables, báfles, instrumentos y todo tipo de material. había operarios moviéndose por todas partes. Buscó a Ethan y lo vio en una esquina hablando con un joven al que parecía darle ordenes. Se acercó y vio que no era Ethan quien daba las ordenes, era el otro el que se las daba a Ethan, era un joven de raza india que parecía decir a Ethan que fuese a algún sitio. No le dio tiempo a escuchar más por que en cuanto se percataron de que llegaba, pararon en seco la conversación.
- Hola Ethan, perdona ¿tienes un momento?.- preguntó Emily
- Si, espera.- dijo Ethan mientras se volvía y decía algo al indio que se dio media vuelta y desapareció.
- Ya estoy.
- Tengo que irme ahora mismo a Nueva York, ¿podríamos vernos algún día allí?.
- Por supuesto, lo malo es que viajo mucho y yo no tengo teléfono donde puedas localizarme. Bueno, puedes buscarme en un bar ¿conoces el Road 69? No tiene perdida, está en la 78 con Queens Bulevard. Cuando no estoy de viaje estoy allí.
- Ok, pero te dejo mi teléfono por si quieres llamarme. Yo tampoco estoy mucho en casa, pero déjame un mensaje en el contestador.- Emily le dejó un papel con su numero de teléfono apuntado.
- Vale. Ahora tengo que irme, me están esperando.- dijo Ethan.
- Hasta luego, te buscaré en el bar .
Ethan se perdió entre los trastos y Emily volvió a la furgoneta con Hunter.

Emily volvía dándole vueltas a algo. Nada más subir a la furgoneta buscó en la guantera su libreta de notas. Pasaba las hojas adelante y atrás buscando algo que recordaba haber leído. Por fin lo encontró. En sus notas sobre Clyton tenia una declaración del confidente de la DEA que decía que Clyton siempre iba acompañado de un joven indio que le hacia las veces de guardaespaldas. Emily tenia una intuición pero no le cuadraba, si Ethan fuera en realidad Clyton no entendía por que escucho al indio dar ordenes a Ethan. Dejó la libreta y lo olvidó rápidamente, aquello no fue mas que una casualidad, debía de haber cientos de indios en aquel concierto.

Emily despertó sobresaltada. Estaba sudorosa y casi temblando. El indio del concierto de la semana anterior la tenia obsesionada y ya era la segunda pesadilla que había tenido con aquel indio como protagonista. En el sueño, Emily era raptada por unos indios Sioux, Hunter acudía a su rescate pero los indios lo mataban y mientras a ella intentaba violarla el indio del concierto, Ethan contemplaba de lejos la escena sin hacer nada.
No quería volver a tener otra pesadilla con el indio y ya que Ethan no la había llamado, decidió ir en su búsqueda para quedar con él. Ethan realmente le había causado muy buena impresión y le gustaba. Además, tenia que preguntarle sobre  aquel indio, incluso tenia que pedirle que se lo presentara para poder hablar con él y así quitarse de la cabeza esa impresión que tenia sobre él y librarse de sus pesadillas.
Aprovechó su día libre para ir a Queens, al Road 69, el bar donde Ethan le había dicho que acudía habitualmente. Bajó del taxi e inmediatamente se percató de cual era el bar. En la puerta había aparcadas como ocho o diez Harleys. Emily cruzó la calle hacia el bar y se detuvo unos minutos antes de entrar para contemplar las motos aparcadas que parecían ejercer un poder de atracción sobre Emily.
El bar era todo un templo dedicado a Harley Davidson. Nada más entrar se podía respirar el ambiente motero. La decoración era a base de piezas y objetos de los más apreciados modelos de la marca, cuadros con fotos de míticos moteros americanos, placas de matrículas , etc,etc. Al fondo, una jukebox, como no, decorada con el símbolo de Harley Davidson, alternaba música country y rock n roll. había mesas a un lado y la barra al otro. El bar no estaba lleno, una treintena de personas como maximo, todos entre los veinte y treinta y pocos años. Los chicos parecían todos sacados de un mismo molde con un look entre mítico cowboy americano y chico rebelde; pantalón y botas vaqueras, chaleco de piel, pañuelo al cuello, largas patillas y pelo largo que algunos recogían en una cola de caballo. El mismo look que le había atraído de Ethan. Emily pasó hacia el fondo de la barra mientras repasaba de un vistazo a la gente del bar por si veia entre ellos a Ethan. No le encontró. Se sentó en un taburete y pidió una cerveza. A pesar de no ser habitual en aquel bar, nadie pareció extrañarse de su presencia y es que Emily también parecía sacada del mismo molde que las demás chicas del bar. Emily acabó su cerveza y pidió otra, decidió esperar por si aparecía Ethan. Se encontraba muy a gusto en aquel bar, le gustaba el ambiente. Sentada en el taburete y saboreando su cerveza, escudriñaba cada centímetro de las paredes de donde colgaban desde depósitos de gasolina o tubos de escape hasta matrículas de motos o placas kilométricas de la famosa “ route 66” mientras de fondo sonaban Bob Dylan, Merle Haggard o la banda Steppenwolf.
Había pasado casi una hora, Emily se había tomado cuatro cervezas y Ethan no apareció. Pidió la cuenta al camarero, pagó y le preguntó si conocía a Ethan.
-    ¿ Conoce a Ethan ?. Es un chico de unos veintiocho años, tiene una Harley FLH Electra y trabaja montando escenarios en conciertos y cosas así.
-    Si, claro. Ethan Tyler, viene mucho por aquí. Es raro que hoy no esté.- respondió el camarero.
-    Cuando le vea, ¿ podría decirle que le ha estado buscando Emily y que me llame al numero que le dejé ? .
-    Si, no se preocupe señorita. Yo se lo diré, no pasará mucho tiempo sin aparecer por aquí.
-    Muchas gracias. Hasta otra.- se despidió y salió hacia la puerta.
Cuando Emily preguntaba al camarero por Ethan y aunque esta no se dio cuenta, un joven que había sentado junto a dos chicas en una mesa frete a ella se alertó al oírla decir el nombre de Ethan. El joven no la conocía de nada, no la había visto nunca con Ethan y ahora andaba preguntando por él. Mandó callar a las chicas que había con él para poder escuchar la conversación de Emily con el camarero. Cuando Emily salió, el joven se levantó y la siguió hacia la puerta a unos pasos de distancia. Fuera, Emily volvió a quedarse embelesada con las motos aparcadas mientras el joven la espiaba desde una ventana del bar. Emily levantó el brazo para parar un taxi que pasaba, subió en él y se marchó. Clayton volvió a sentarse a la mesa con las chicas mientras pensaba que debería hablar con Ethan sobre aquella chica que había preguntado por él y que Clayton no conocía.

Clayton había aprendido que en su negocio no se podía confiar de casi nada y en casi nadie. Además tenia un sexto sentido que más de una vez le había sacado de apuros presagiando cuando se avecinaban problemas.
Desde que Emily salió del bar, Clayton no había parado de pensar en ella y en por qué buscaba a Ethan. Sin decir ni palabra a las dos chicas que había sentadas con él, se levantó y salió a la calle. Justo enfrente había una cabina de teléfonos. Clayton se rebuscó en los bolsillos, sacó unas monedas que depositó en la ranura del teléfono y marcó el numero de Taoyate.
-    ¿ Sí ? .- preguntó Taoyate a través del teléfono.
-    Soy yo. Escúchame bien; quiero que a partir de ahora seas la sombra de Ethan, tarde o temprano hablará con una chica que ha estado preguntando por él en el Road 66. Quiero que te enteres de quien es esa chica, donde vive, donde trabaja, con quien habla. Quiero saberlo todo. ¿ Has entendido ? .- dijo Clayton muy serio.
-    Tranquilo, yo me ocupo de todo. En cuanto sepa algo, te lo digo.
Apenas Taoyote había terminado de decir la ultima palabra, Clayton ya había colgado el teléfono. Era tal la confianza que Clayton tenía en Taoyote que aquella simple llamada le devolvió la calma perdida tras oír a Emily preguntar por Ethan. No le cabía ni la más mínima duda de que Taoyote cumpliría sus ordenes y resolvería el problema si es que había algún problema que resolver.

A pesar de que Taoyote y Ethan eran amigos, nunca solían pasar su tiempo libre juntos, ambos eran hombres bastante solitarios, sin amigos demasiado apegados y tampoco habían tenido nunca una pareja estable. Todo esto era también extensible a Clayton. Ahora Taoyote debería pegarse a Ethan para descubrir quien era y que buscaba aquella chica, no estaba muy seguro de cómo hacerlo sin que Ethan viera nada extraño.
Taoyote quedó con Ethan en el Road 69, quería estar delante para ver la reacción de Ethan cuando el camarero le dijera que la chica había preguntado por él. Nada más acercarse a la barra, el camarero le dio el recado de Emily junto con un papel donde había escrito su numero de teléfono. Ethan se limitó a dar las gracias y guardarse el papel en el bolsillo. Taoyote no observó reacción alguna y se decidió a preguntar.
-    ¿Ahora tienes novia Ethan? .- Preguntó en tono de sorna para ver que le sacaba.
-    ¿Novia yo? No digas tonterías. Es una chica que conocí en Bethel, apenas hemos hablado unos minutos, ya ni me acordaba, pero se ve que le gusté.- dijo sonriendo .- La llamaré, nunca viene mal un polvo con una chica guapa.
-    Ah, pues dile que se traiga alguna amiga que a mí tampoco me vendría mal un buen polvo. Venga, llámala .- Le apremió Taoyote.
-    ¿Ahora?
-    ¿Es que tienes algo mejor que hacer?
-    No, pero no sabemos si estará libre o si tendrá alguna amiga que quiera venir también.
-    Pues llama y salimos de dudas.




Jan. 20th, 2008

AMIGAS

SIEMPRE NOS QUEDARÁ LONDRES



- Si, quiero-. Contestó Mario volviendo su mirada hacia Noelia.
El párroco, miró ahora a Noelia y repitió la pregunta.
- Noelia, ¿quieres por esposo a Mario y prometes amarle, respetarle y serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza?
Noelia no reaccionó. Bajo el velo, sus ojos revelaban que su mente estaba muy lejos de aquella iglesia.
Todos esperaban expectantes el “ Si, quiero” de Noelia. Solo habían pasado unos segundos, pero el silencio de ese preciso momento los hacia eternos para los asistentes a la ceremonia y en especial a Mario. Solo fueron un par de segundos, pero en ellos cabían las mil y una preguntas que atormentaban la cabeza de Noelia.
Se preguntaba si realmente era amor lo que sentía por Mario, si sería mala persona por no amarlo o si lo sería por amarlo. Se preguntaba por que habría llegado a aquella situación, por que había ocurrido lo que había ocurrido, Se preguntaba por que no podía seguir ocurriendo, por que algo que le hacia tan feliz, le producía ese sentimiento de culpabilidad. Al final, todas las preguntas llevaban al mismo sitio, llevaban a Londres siete meses atrás, llevaban a Anna. Anna era la respuesta a todo lo que en esos dos interminables segundos, pasaba por la cabeza de Noelia.

Noelia salía esa misma tarde hacia Londres para pasar seis meses perfeccionando su ingles y terminar allí sus estudios. La asistenta había preparado la mesa para seis personas, mantel de lino bordado a mano, servilletas a juego. Cubertería de plata, vajilla de loza cartujana y la cristalería del ajuar de su madre, toda una joya familiar. Estaba claro que aquella iba a ser una comida especial.
Mario y sus padres habían llegado y después de tomar un aperitivo en el cenador del jardín pasaron al comedor donde la comida estaba a punto de servirse. Después de la comida amenizada con banales conversaciones, pasaron al salón para tomar el café y tratar el verdadero asunto que había llevado allí a Mario y a sus padres.

Noelia y Mario se conocían desde niños, sus padres eran socios de bufete y sus madres irremediablemente amigas. Las dos familias habían compartido vacaciones, excursiones, fiestas. Los niños habían crecido prácticamente juntos, habían compartido colegio, más tarde instituto. Cuando más tiempo pasaron separados fue durante sus estudios en la universidad, eligieron diferentes carreras y estudiaron en universidades diferentes, pero para entonces, Mario y Noelia ya eran oficialmente novios, aunque … ¿acaso no lo habían sido siempre?, después de todo, juntos alcanzaron y pasaron la pubertad, juntos descubrieron el sexo, juntos perdieron la virginidad. Noelia no había estado nunca con ningún otro chico, todas sus experiencias se reducían a las compartidas con Mario, en realidad casi toda su vida social se reducía a Mario. Noelia no tenia hermanos, nunca tuvo una amiga intima, nunca pudo compartir sus intimidades , sus dudas, sus miedos con nadie que no fuese Mario, ni siquiera con su madre. La relación con su madre era buena, cordial, se querían. Nunca tuvieron grandes discusiones, ni siquiera una sola de esas broncas tan normales entre las madres y sus hijas adolescentes. Quizás por eso nunca llegaron a ser amigas, quizás por eso nunca habían llegado a tener esa complicidad que muchas madres tienen con sus hijas.

Tomaron café y formalizaron la fecha de la boda. Sería para el verano, un mes después de la vuelta de Noelia de Londres. En realidad, la fecha, la iglesia y el lugar para el banquete, ya estaba decidido bastantes meses atrás, aquello era una simple formalización. Solo quedaba por decidir el menú del banquete, del que se encargarían la madre de Noelia y la madre de Mario y el vestido de boda , que lo encargaría la misma Noelia en Londres con la ayuda de su madre y su suegra, primero enviándoles los distintos modelos por Internet para decidir cual escoger y mas tarde con un viaje de su madre a Londres para la prueba final.

El avión llegó a el aeropuerto de Heathrow a las siete de la tarde, aunque debía de retrasar la hora, en Londres era una hora menos que en España. Aún así, ya había anochecido. Noelia debía encontrarse en el mostrador de información de la Terminal internacional con Anna.

Había conocido a Anna hacia un año. La conoció a través de Internet, en un foro para estudiantes de relaciones internacionales. En el foro había un apartado para hacer intercambios con estudiantes de otros países, Noelia quería hacer un curso de postgrado en Inglaterra y encontró a Anna que aunque acababa ya sus estudios e inmediatamente entraría a trabajar por que había sido la primera de su promoción y la habían reclutado desde un organismo de la ONU, quería viajar a España en sus vacaciones. Anna y Noelia, descubrieron pronto que tenían mucho en común; sus gustos en música, la poesía, viajar, Bogart y Casablanca y sobre todo, sus diarios. Ambas escribían desde niñas un diario donde se confesaban con ellas mismas, donde a falta de otros oídos a los que contarlos, guardaban sus más íntimos secretos. Sin embargo, Anna era muy distinta en algo a Noelia, si bien al igual que ella, nunca hizo amigas intimas, lo que si tubo fue mas de un hombre en su vida, aunque a todos les dio solo el tiempo suficiente mas que para calentar su cama, excepto con Chase con el que mantuvo una tortuosa relación de amor/odio durante seis meses, con el resto no pasó de ser únicamente sexo.

Noelia recogió sus maletas en la cinta de equipajes y se dirigió hacia el mostrador de información, allí esperaba Anna. A pesar de que ya la conocía a través de las fotos que habían intercambiado y las videoconferencias en Internet, Anna era más alta de lo que la imaginaba y sin duda alguna, era mucho más atractiva al natural. Además, Noelia ya conocía el carácter jovial y alegre de Anna, pero ahora, allí a su lado, Anna desprendía un halo de madurez que no había imaginado en ella.
Las dos chicas se fundieron en un calido y sincero abrazo y se saludaron con dos suaves besos. Estaban emocionadas, era la primera vez que se veían cara a cara y era como si dos viejas amigas se volviesen a ver desde hacia mucho tiempo. Ambas deseaban con impaciencia conocer todo de la otra, contarse cara a cara lo que ya se habían contado a través de internet. Noelia veía en Anna lo mismo que Anna en Noelia, esa amiga intima que nunca tuvieron.

Anna ayudó a Noelia con sus maletas y se dirigieron hacia la puerta de salida para coger un taxi e ir a casa de Anna.
Anna vivía en Hoxton, un barrio del East End de Londres, hoy por hoy, uno de los barrios mas “cool” y más caros de la ciudad. Con Hoxton, había pasado lo mismo que con otros barrios como Noting Hill o el Sojo. Durante los años 60 y 70, eran suburbios marginales poblados de obreros e inmigrantes, poco a poco se fueron llenando de jóvenes artistas que buscaban un espacio barato para vivir. El arte llevó consigo la vida nocturna y ésta atrajo a los diseñadores, en pocos años los apestados y baratos barrios se convierten en la vanguardia de la moda, la arquitectura o las finanzas y los precios de los pisos se disparan. Anna no era rica ni mucho menos como para poder permitirse un piso en Hoxton, pero tenia la suerte de que su madre aún soltera, había alquilado un apartamento a mediados de los ochenta, cuando aún los alquileres eran baratos y aunque solo vivió en él unos meses, desde entonces lo había estado subarrendado a otros inquilinos bajo cuerda, conservando el alquiler a su nombre. Así hasta que Anna acabó los estudios y dejó la casa de sus padres, yéndose a vivir al piso de su madre en Hoxton, disfrutando del alquiler de renta baja que todavía conservaba al no haber cambiado nunca de nombre el contrato. Aún así, la cosa no era tan bonita como podría parecer, el disfrutar de la renta antigua, traía consigo grandes inconvenientes como el de no poder hacer reformas en el edificio, podían hacer pequeños arreglos en los pisos, pero el dueño jamás les daría permiso para realizar obras que mejorasen sustancialmente el estado del inmueble y así forzarles a irse y poder vender por fin el edificio para hacer nuevos apartamentos a precios desorbitados. Aquel edificio antiguo era de los pocos que aún quedaban sin derruir en Hoxton. Afortunadamente para Anna, ella vivía en el primero y evitaba una de las peores zonas, la escalera. De echo, algunos de los inquilinos de los pisos superiores ya los habían abandonado por el peligro que entrañaba subir hasta ellos.
Dejaron las maletas en la habitación que Anna le había preparado a Noelia, pospusieron para mas tarde el deshacerlas y colocar cada cosa en su sitio. No era un piso demasiado grande, Anna no tardo mucho en enseñárselo a Noelia. Dos dormitorios, el de Anna mas grande y justo al lado el de Noelia, un pequeño salón comedor al fondo, la cocina, el baño y un pasillo que desde la entrada daba paso a las distintas estancias. La cocina disponía de una especie de terracilla de apenas un metro de ancha que daba a un patio interior, el baño estaba al lado de la cocina y tenia una ventana al mismo patio. Los dos dormitorios daban a la calle y contaban con un pequeño balcón.
Cuando se fue a vivir allí, Anna había hecho en el piso todos los arreglos posibles para hacerlo lo más confortable posible y aunque las zonas comunes del edificio fuesen bastante desastrosas, la verdad es que el apartamento había quedado bastante coqueto. A Noelia le había encantado desde el primer momento, sin duda tenia un cierto aire decadente , pero Anna había sabido darle su toque personal y además había tenido el detalle de decorar la habitación de Noelia conforme a sus gustos, desde que decidieron hacer el intercambio, Anna le había sonsacado discretamente sus preferencias en decoración para darle esa sorpresa cuando llegase.
Terminaron de recorrer el apartamento y Anna le enseño la calle desde el balcón de su habitación. Desde allí, asomándose hacia la derecha podían ver el ajetreo de Old Street, una calle con bastantes locales de moda de la noche londinense. Enfrente a unos 50 metros, en el nº 1 de Rufus St. había un restaurante italiano. Anna vio la salida del restaurante bastante concurrida y se percató de la hora, eran más de las ocho, lo normal era que a esa hora ya hubiera cenado. Cogió a Noelia de la mano y tiró de ella hacia la habitación, tenían que darse prisa, Anna no había preparado nada para la cena y tendrían que salir a un restaurante, pero en Londres es muy raro que te sirvan la cena pasadas las nueve. Se pusieron sus abrigos y salieron hacia la estación de metro de Old St. Anna quería invitar a Noelia a un restaurante típico ingles de Covent Garden como bienvenida a Inglaterra, pero después de correr durante casi quinientos metros por Old Street, se dio cuenta de que no llegarían antes de las nueve y paró en seco, tirando del brazo de Noelia a la que llevaba agarrada por la mano. Las dos quedaron parádas, dobladas por la cintura, con las manos en las caderas, recuperando el aliento con grandes bocanadas de aire, se miraron un momento y estallaron en una sonora carcajada al verse de tal guisa.
Anna había planificado mal la tarde y tendría que dejar la invitación en el restaurante de Covent Garden para otra ocasión, ahora debería pensar donde cenar, Noelia estaba acostumbrada a cenar más tarde, pero ella se moría de hambre. No es que fuese lo más apropiado para llevar a cenar a un recién llegado a Inglaterra, pero lo tenían allí mismo, justo en la cera de enfrente: Best Kebab & Fish Bar, un local de comida rápida de los llamados “Fish & Chip” que no tenia horario para las comidas.

Ya en casa, se pusieron a charlar tumbadas sobre la cama de Anna, repasando uno de los álbumes de fotos de Anna, fotos de sus viajes a Paris, a Berlín a Viena o a Ámsterdam, también aparecían en ellas algunos de sus múltiples “novios” , de los que le contó detalladamente las virtudes y defectos de cada uno en cuestiones de sexo. Estuvieron un buen rato riéndose a carcajadas de los novios de Anna, tumbadas boca arriba sobre la cama. Noelia estaba cansada por el viaje y por la carrera hacia el metro de Old St. , se dieron dos besos de buenas noches y Noelia se fue a su habitación. Arrinconó las maletas donde pudo, aún no le había dado tiempo a deshacerlas, lo haría por la mañana, se quedaría sola en el piso y aprovecharía para colocar todo. Mientras se dormía, pensaba en la suerte que había tenido al encontrar una mujer como Anna como compañera y amiga. Prácticamente, le gustaba todo de ella, le gustaba su vitalidad y su alegría, le gustaba su independencia, tanto de sus padres como de los hombres, le gustaba la seriedad con que había llevado sus estudios y ahora su trabajo, incluso casi admiraba esa facilidad suya para “coleccionar” amantes.

Anna se levantó muy temprano, en el trabajo tenia horario continuado de ocho horas, entraba a las siete de la mañana y salía a las tres de la tarde. Trabajaba en la asesoría de relaciones internacionales de la International Maritime Organization, un organismo dependiente de las Naciones Unidas con sede en Londres, en el mismo East End. En eso también había tenido suerte, solo tardaba 15 minutos en llegar desde su casa hasta el trabajo, cojia el metro en Old St. y se bajaba en la siguiente parada, la estación de Moorgate a apenas cien metros de su trabajo.
La noche anterior había olvidado decirle a Noelia donde podía bajar a comprar algo para comer, esa misma tarde saldrían a algún centro comercial a hacer la compra para toda la semana, pero para la comida de Noelia estaba la nevera vacía. Entro a la habitación para decírselo. Noelia dormía. Anna no pasó de la puerta, la vio allí, placida, relajada. Tenia un brazo por detrás de la cabeza, que apoyaba sobre su mano, se le vislumbraba una sonrisa en los labios. Anna seguía de pie, junto a la puerta, mirándola. Se fijó en un pequeño lunar, un poco mas arriba de la comisura de los labios, en su pelo negro, en su pequeña nariz, en su bello rostro sin maquillar. De repente, volvió en sí y decidió no despertarla, le dejó una nota en la nevera y una llave del piso y otra del portal y se fue al trabajo.

Encontró la nota pegada a la nevera. Mientras la leía, algunas risas escapaban de su boca, Anna le había dejado la nota escrita en castellano, pero ella no dominaba tan bien el español como Noelia el ingles y los fallos gramaticales le hicieron gracia a Noelia. Ahora ya sabia que no tenia nada para comer, pero Anna no conocía para nada las costumbres españolas y tampoco había nada para el desayuno. Anna, como la mayoria de los ingleses que trabajan fuera, no desayunaba en casa, se preparaba un sandwich en el trabajo, pero Noelia no podía comenzar el día sin su café con leche después de la ducha. Abrió sus maletas y buscó unos vaqueros y un jersey de lana de cuello alto, la mañana era fría y no quería coger un resfriado su primer día en Londres. Dejó el resto del contenido de las maletas encima de la cama, cogió su abrigo y salió del piso en busca de algún bar donde le sirvieran un café con leche y unas tostadas.

No había andado ni cincuenta metros por Old St. y ya había encontrado una cafetería donde tomarse su café, creía que le costaría más por las costumbres inglesas y su poca afición al café, pero pensándolo bien, en una ciudad de ocho millones de habitantes y tan cosmopolita como Londres, debía de ser más difícil el no encontrar algo que encontrarlo. Noelia pasó toda la mañana fuera de casa, deambuló arriba y abajo por Old St. y las calles adyacentes mirando escaparates de las tiendas de moda, los menús que se exponían en los numerosísimos y variadísimos restaurantes y pubs de la zona, las carteleras de los cines y teatros y los letreros luminosos, ahora apagados, de los locales nocturnos que empezarían a abrir a partir de las seis de la tarde. Encontró la tienda que le había anotado Anna y compró algunas cosas para la comida y la cena.
Era la una y cuarto de la tarde, había colocado la compra en la cocina y el frigorífico y se disponía a colocar su ropa y demás cosas que aún andaban por encima de la cama y en las maletas, pero pensó que debería acostumbrarse al horario de los ingleses, cuando volvía para casa, había visto los restaurantes y pubs llenándose de gente para comer. No tenia demasiada hambre, pero si no se hacia al horario de comidas, iría siempre a traspiés. Se preparó una ensalada de pasta con queso. Mientras comía en la misma cocina, recordó que desde que llegó al aeropuerto y llamó a casa para decirlo, no había vuelto a llamar, tampoco había llamado aún a Mario. Cojio su móvil y llamó a su casa.
- Hola mamá, soy Noelia
- Hija, ¿por qué no has llamado antes?, ¿cómo estas?
- Bien mamá, anoche no encontré tiempo y esta mañana he estado paseando por la calle y se me ha ido el santo al cielo.
- Ay hija, esa cabeza tuya, por cierto, ha llamado Mario para saber si habías llamado aquí y me ha dicho que con él tampoco has hablado.
- No mamá, también se me ha pasado, cuando acabe de comer encenderé el ordenador a ver si está conectado, si no lo llamaré por teléfono.
- Noelia, no le digas a Mario que se te ha olvidado llamarle, dile que no te ha dado tiempo, a ver si se va a enfadar.
- Jajaja, no mamá descuida, le diré que he estado muy liada.
- ¿Qué tal todo? ¿hace muy mal tiempo? ¿y la comida?
- Hace frío, pero es normal y hay niebla, pero de momento no he visto la lluvia, menos mal. Estoy muy contenta, Anna es un cielo. Y la comida, pues bien, aquí puedes comer de todo, esto es Londres mamá, no es la selva.
- Y de la escuela ¿sabes algo? ¿aún no la has visto?
- No mamá, no llevo aquí ni veinte horas, no me ha dado tiempo a nada. Mañana que es sábado y Anna no trabaja, me ha dicho que me va a enseñar el recorrido en metro desde casa a la escuela y el lunes iré a conocerla y a hablar con algún profesor. Hasta el miércoles no empiezan las clases. Te dejo mamá, voy a terminar de comer y a ver si está Mario conectado. Dile a Papá que me llame esta noche, cuando llegue del trabajo.
- Vale hija, yo se lo digo, aunque no creo que haga falta. Un beso, cuídate.
- Si mamá, tranquila. Un beso, adiós.
Acabó de comer y recogió la cocina antes de ir a su habitación a encender el portátil y conectarse a Internet.
Abrió el Messenger pero Mario no estaba conectado, miró el reloj y vio que eran las dos, a esa hora Mario debería estar a punto de salir a comer. Tendría que llamarlo al móvil. Pero antes revisó su correo electrónico y ya que estaba, fue a su diario. Desde hacía un par de años, había cambiado su diario de papel por uno cibernético, le resultaba muy cómodo poder escribir en él desde cualquier sitio con un ordenador conectado a Internet . La última entrada era del día de su partida hacia Londres. Repasó lo que había escrito:
Hoy salgo para Londres, estoy muy ilusionada. Sé que me gustará. Estos dos últimos meses he buscado toda la información que he podido sobre Londres y estoy deseando llegar para verlo todo con mis propios ojos. también estoy deseando conocer el London School, todo el mundo me dice que es el mejor sitio para hacer mi curso de postgrado, me impone algo de respeto por el idioma, no es lo mismo charlar tranquilamente con alguien que escuchar una disertación sobre derecho internacional, pero ya veremos. Pero sobre todo, estoy impaciente por conocer a Anna en persona. Hemos tenido cientos de conversaciones y e-mails en Internet, incluso videoconferencias, pero quiero verla, oírla, tocarla, sentirla por mi misma, me siento igual que una colegiala que va a conocer a su cantante favorito. Anna es la persona más amable, atenta, cariñosa, educada, simpática y humilde que jamás he conocido. Me arrebata su carácter siempre optimista y alegre, desde que la conozco, no la he notado nunca decaída. Tiene un trabajo perfecto, la envidio por ello, es el que a mi me gustaría tener. Sin duda alguna su personalidad le ha ayudado mucho a conseguirlo. Además sabe escuchar y me comprende, ¿recuerdas el día que tuve esa gran bronca con Mario? Pobrecita, la tuve conectada hasta casi las dos de la mañana consolándome y eso que se tenia que levantar a las seis para ir al trabajo. Es un cielo, ya verás como vamos a ser grandes amigas, primero en Londres y luego cuando ella venga a España. Aún no le he dicho nada, pero quiero que sea dama de honor en mi boda, no es que sea una costumbre muy arraigada en España, pero yo la tendré por que quiero que Anna esté a mi lado ese día.
Noelia siguió leyendo un buen rato todo lo que había escrito sobre Anna y cayó en la cuenta de que no había escrito ni una línea sobre Mario. La noche anterior había estado en el apartamento de Mario, habían tenido una cena romántica de despedida y habían hecho el amor, sin embargo, no había escrito una sola línea sobre aquella despedida, sobre sus sentimientos hacia su novio del que estaría separada por lo menos hasta navidad. Tuvo la tentación de retomar el diario en el mismo día que lo dejó para escribir algo sobre Mario, pero ya era tarde, ahora ya todo lo que escribiese seria forzado, estaría viciado por ese sentimiento de culpa de no haber escrito nada sobre la ultima vez que había hecho el amor con el hombre con el que se iba a casar unos meses más tarde. Cambió de día y abrió una nueva entrada para escribir:
Por fin estoy en Londres, aún no he visto apenas nada, pero ya estoy aquí, con Anna. Es tan maravillosa como ya sabia. Ayer fue a buscarme al aeropuerto, fue un reencuentro, fue como si la conociese desde siempre y volviese a verla después de estar separadas un montón de tiempo. Tiene una voz tan suave, tan dulce, nada que ver con lo que salía por los altavoces de mi portátil y si muchísimo que ver con su personalidad. Es más alta de lo que imaginaba, bueno ya sabia lo que mide, pero así a mi lado me parece más alta, además, venia directa desde el trabajo y traía los taconazos que se pone, no sé si yo aguantaría todas esas horas con ellos y ese corte de pelo que se ha hecho dejando ver su cuello, la estiliza aún más. Como ya te he dicho, Anna es un encanto, ha pintado mi habitación de malva y blanco por que sabe que son mis colores favoritos y a puesto las cortinas y unos cojines para encima de la cama en verde clarito que combina muy bien con el resto. Aunque es pequeña y no tiene mas que la cama, un armarito empotrado y un pequeño escritorio, la habitación ha quedado preciosa y he dormido muy bien y aunque en parte sea por que estaba muy cansada, también es por que creo que me siento muy a gusto en ella. Mañana Anna me enseñará el trayecto para ir a el London School y el domingo quiere llevarme al Covent Garden a comer a un restaurante típico y a ver los espectáculos callejeros. Todavía no he deshecho las maletas, voy a ponerme ahora mismo, por que va a llegar Anna y aún voy a tener todo desperdigado por la habitación.

Guardó lo que había escrito y cerró el portátil. Tenia las dos maletas abiertas sobre la cama. Fue colocando como pudo toda su ropa en aquel armarito, colgó lo que pudo en las 4 perchas que tenia, los jerseys y los vaqueros en un estante, la ropa interior en los cajones de abajo y los zapatos, zapatillas y botas tubo que amontonarlas en un pequeño espacio que quedaba en el suelo del armario. No le quedaba sitio para colocar una chaqueta y una cazadora, además del abrigo y el bolso que tenia sobre una silla del comedor, pensó en pedirle a Anna que las guardase en el armario de su habitación. El neceser ya lo había colocado en el baño y quedaba en el fondo de una de las maletas un compact disc que Noelia había comprado para regalárselo a Anna. Era la banda sonora de la película Casablanca. Lo dejó sobre el escritorio para dárselo cuando llegase, pero lo pensó mejor y lo dejó metido en el portátil, preparado para ponerlo cuando llegara.

La llave sonó abriendo la cerradura, eran casi las tres y media de la tarde y Anna volvía del trabajo, Noelia pinchó sobre “As Time Goes By” y salió al pasillo.
- Hola Anna.- La saludó Noelia con dos besos.
- Play it once, Sam, for old times sake.- Dijo Anna con una sonrisa, repitiendo la frase de Ingrid Bergman en la película. Noelia también la sonrió.
Ambas amaban aquella triste melodía que se acoplaba perfectamente a la historia de amor imposible entre Rick e Ilsa. Lo que ellas desconocían, eran las similitudes que tendrían a partir de entonces aquella película y aquel amor con sus propias vidas.

Anna se quitó el traje del trabajo y se puso ropa cómoda para estar en casa. Estuvieron toda la tarde hablando y escuchando música. Pasaron cuatro horas sin apenas darse cuenta, hasta que sonó el móvil de Noelia, era su padre.
Anna la dejó sola para que pudiese hablar tranquila y fue a preparar la cena.
La conversación con su padre emocionó a Noelia. La conexión que le faltaba con su madre, la tenia con su padre. Era hija única y para su padre era la niña de sus ojos. Noelia, excepto en sus viajes de ocio, no había estado nunca fuera de casa más de unos días y aunque volvería en navidad, la siguiente vez, pasarían casi cinco meses sin volver y se dio cuenta de que lo echaría mucho de menos.
Cuando colgó, volvió a caer en la cuenta de que seguía sin llamar a Mario, otra vez lo había olvidado después de escribir en el diario. Estaba marcando el numero cuando la voz de Anna le avisó de que la cena estaría en diez minutos. No podía llamar ahora, después de tantos olvidos, quería dedicarle tiempo a Mario y si lo llamaba ahora, no estaría tranquila pensando que Anna la estaría esperando para cenar.
Mientras cenaban, Noelia le comentó a Anna que se le había pasado llamar a Mario y que aún no había hablado con él desde que llegó. Anna, sorprendida, la apremió para que lo llamara en cuanto acabasen de cenar, ella recogería y lavaría los platos mientras. Acabaron de cenar y Noelia se disculpó con Anna para ir a su habitación a hablar con Mario. No sabia si llamarle por teléfono o encender el ordenador para chatear por internet. Pensó que sería mucho más personal y calida una conversación por teléfono, después de no haberlo llamado aún, no quería tener ningún mal entendido debido a la falta de expresividad que se suele tener cuando se mantiene una conversación escrita.
- Hola mi amor.- Dijo Noelia nada más oír la voz de Mario.
- ¡ Hola cariño ! ya creía que me habías abandonado por un ingles.- Respondió Mario en tono bromista.
- Perdóname amor, llevo aquí un día y no he parado un momento. También olvidé llamar a casa y acaba de llamarme papá.- Intentaba disculparse.
- Ya, ya, seguro que estás de fiesta por los pub´s, que oigo música.- Continuaba Mario con la broma.
- Si, ya quisiera. Acabamos de cenar en casa Anna y yo y ahora veremos la tele, está lloviendo y hace un frío que pela, no me apetece nada salir y eso que es viernes.
- ¿Que tal Anna, cariño?.- Preguntó Mario ya en serio.
- Muy bien, es un cielo. No sabes la suerte que he tenido encontrándola. Le voy a pedir que sea mi dama de honor en nuestra boda.
- Dama ¿de qué?.
- Jaja, si, ya sé que suena raro eso en España, pero no la puedo poner de madrina, que se enfada tu madre.
- Bueno, ya sabes que yo de la boda solo me encargo de estar el día y a la hora en el sitio que me digáis.
- Si, ya lo sé, pero te advierto que como llegues un minuto tarde te mato.
- Entonces ¿estas contenta? ¿todo bien? el piso ¿que tal?.- Mario cambió el rumbo de la conversación.
Continuaron hablando de todo un poco durante 15 minutos más y se despidieron.
- Tenemos que quedar en una hora determinada para conectarnos los dos a la vez todos los días.- Dijo Noelia.
- Cuando tu quieras, cariño.
- Pues mejor por la noche, ¿no?.
- Si, mejor. y si uno de los dos no puede, que envíe un sms con la hora a la que puede estar conectado.
- Ah, muy buena idea mi amor. Pues quedamos para mañana a las nueve. ¿vale?
- Si, muy bien, por mí, perfecto.
- Vale, pues hasta mañana cariño.
- Hasta mañana Noe.
- Te quiero mucho Mario.
- Y yo a ti mi amor. Un beso.
- Adiós, te quiero.

Anna y Noelia pasaron todo el fin de semanas juntas, no se separaron ni un momento. El sábado lo dedicaron a las compras por la mañana y por la tarde hicieron varias veces el recorrido de ida y vuelta que Noelia debería de tomar para ir a sus clases. Compraron un abono mensual de metro para Noelia y Anna le enseñó que líneas tenia que coger y donde tendría que hacer trasbordo y donde bajarse. La verdad es que no era nada complicado, simplemente tenia que coger el metro en la estación de Old St. , cambiar de línea en la siguiente estación y bajarse en la próxima, desde ahí solo tendría que andar unos quinientos metros para llegar al London School. Por la noche salieron a cenar y a tomar una copa a los pubs de la zona, pero se cansaron pronto y decidieron volver a casa para escuchar música y seguir contándose sus cosas. El domingo salieron a comer a Covent Garden. Antes de comer pasearon, regatearon y compraron en el famoso mercadillo y por la tarde disfrutaron de todo tipo de actuaciones callejeras que a todas horas se representan en Covent Garden. No volvieron demasiado tarde a casa, Noelia quería estar allí a la hora pactada con Mario para su encuentro por msn, la noche anterior no pudieron quedar porque Anna y ella salieron a cenar fuera y no quería volver a fallar otra vez. Esta vez no fue ella, cuando volvían a casa, recibió un mensaje de Mario disculpándose por que no podrían hablar esa noche tampoco, le había surgido un imprevisto en el bufete y tenia que salir, quedaba con ella para el lunes por la noche.

Esa noche no tardaron mucho en irse a dormir, Anna estaba cansada y tenia que madrugar para ir al trabajo y Noelia estaba un poco nerviosa, porque al día siguiente iría a conocer su nueva escuela. Se dieron las buenas noches con un beso y cada una se fue a su habitación.

Antes de acostarse, Anna encendió su portátil y abrió su diario, ella también lo escribía en el ordenador, aunque no en Internet, lo hacia en un programa apropósito para ello. Para Anna, aquellos tres últimos días habían sido muy diferentes a lo que estaba acostumbrada. Normalmente, los fines de semana para ella eran para trasnochar, para ir de pub´s, para beber, para ir a conciertos y sobre todo para encontrar en su cama un hombre diferente cada domingo por la mañana. Había estado muy a gusto con Noelia, lo había pasado muy bien con ella, sin embargo se preguntaba cuanto tiempo podría aguantar así. Para ella el sexo era algo importantísimo, nunca había estado más de una semana sin hacer el amor y ahora no sabia como iba a poder salir a ligar sin dejar a Noelia de lado, porque tampoco podía llevársela con ella, se sentiría incomoda, estaba prometida, no está bien eso de ir a ligar los sábados por la noche cuando te vas a casar en pocos meses, además de que eso no pegaba con Noelia ni muchísimo menos. Noelia volvería a casa quince días durante la Navidad y Anna se dijo que tal vez podría aguantar sin sexo hasta entonces, pero sin duda para los siguientes cinco meses, algo tendría que hacer, tal vez debería hablarlo con Noelia. Pero eso sería más adelante cuando la necesidad le apremiase, mientras tanto debería disfrutar de Noelia, de la complicidad que tenían desde el primer momento, de su sensibilidad, de su cariño. Aquella amistad que tenia ahora con Noelia, no la había tenido nunca con ninguna de sus amigas de la infancia o de la universidad y mucho menos con los compañeros del trabajo. Era algo nuevo para Anna, nuevos sentimientos los que experimentaba, nuevas y agradables sensaciones.

Hacía ya un mes que Noelia estaba en Londres. Si bien los primeros cuatro días, por la intensidad con que los vivió, le habían parecido un mes, los siguientes veinticinco, apenas le parecieron cinco. Durante todo el mes, siguieron sus largas tardes en casa con Anna, charlando y escuchando música o viendo alguna película. Los fines de semana los habían dedicado a recorrer y ver algo de Londres, comían y cenaban fuera de casa y terminaban en algún Púb. tomando una copa, pero volvían pronto y acababan la noche descansando los pies de las largas caminatas, tumbadas sobre la cama de Anna y tomando la última copa allí mismo. Por su parte, Noelia había congeniado muy bien con sus compañeros de clase, sobre todo con los extranjeros, alemanes, holandases,franceses.. y con su profesor de derecho internacional, Chase Parker. Apenas tenía cuatro años más que ella y era su primer año como profesor. Fue la primera persona que conoció en el colegio el primer lunes antes de empezar las clases. Ese día, Parker era el único profesor que había del curso de Noelia y fue a su despacho a presentarse. Parker se mostró extremadamente amable con ella, le explico bastante detalladamente en que consistiría el curso de postgrado que iba a hacer y se ofreció para acompañarla a recorrer el colegio y enseñarle los distintos departamentos. Desde entonces, aparte de las clases de derecho internacional, había coincidido con él en cuatro o cinco ocasiones en el aula de estudio y en la cafetería del colegio, además habían comido juntos una vez mientras hablaban de todo un poco.

Faltaban unos días para la navidad y Noelia viajó a España para pasar esos días en su casa. Volvería la primera semana de enero, pero nada más poner el pie en el avión, ya echaba de menos a Anna. Fue algo que la descolocó bastante, aún no había abandonado Londres y ya estaba deseando volver, sin embargo y a pesar de lo poco que habían podido hablar en casi un mes, prácticamente no extrañó Mario. Antes que cualquier otra cosa, prefirió pensar en que era debido a la seguridad que tenia sobre su amor a él.
Los días en España se le hacían eternos, no podía dejar de pensar en Londres, en Anna. Intentó evadirse de esos pensamientos refugiándose en Mario o más bien en el sexo con Mario. Creyó que así se olvidaría de Londres y sobre todo que se quitaría de encima ese sentimiento de culpa por no haber echado en falta a Mario. Esos quince días, Noelia fue insaciable, hacían el amor mañana, tarde y noche. Mario estaba estupefacto ante la actitud de Noelia, jamás se había comportado así. Sin embargo se sintió halagado y atribuyó aquel ardoroso comportamiento de Noelia, sin duda alguna, a la añoranza que Noelia había sentido por él aquel ultimo mes que habían estado separados.

Era domingo por la mañana, Anna despertó. Miró a su derecha y vio ese lado de la cama vació. Era el segundo fin de semana que pasaba sin Noelia y esa vez tampoco llevó ningún hombre a su cama. Los dos sábados había hecho lo que el resto de sábados antes de la llegada de Noelia, había salido de copas con amigos y conocidos, habían charlado, se habían divertido bailando. Sin embargo, uno tras otro, Anna fue rechazando sistemáticamente cada pretendiente que le salía. Se decía a sí misma que ya era hora de ser más exigente con los amantes que escogiese, que no volvería a meter en su cama a ningún hombre si antes no se lo había ganado con algo más que no fuese su físico. Así pudo justificarse el no haber aprovechado la marcha de Noelia para calmar su deseo sexual. Deseo que por otra parte, Anna sabia que no había sentido, al menos del mismo modo que lo había sentido hasta entonces. Ahora parecía necesitar muchísimo menos la parte física y echaba en falta el amor de verdad, el sentirse añorada, sentirse necesitada por la otra persona y a su vez, ella sentir lo mismo.

Por fin acabó la navidad y Noelia regresó a Londres. Esta vez Anna no puedo ir a recogerla y Noelia fue sola hasta el apartamento. Esperó allí a Anna mientras deshacía la maleta. Cuando Anna llegó, ambas mujeres se fundieron entre lagrimas en un estrechísimo y largo abrazo que ninguna de las dos quería deshacer. Siguieron abrazadas, llorando durante varios minutos mientras por sus mentes pasaban fugaces pensamientos, sentimientos y palabras que deseaban decirse y que sin embargo prefirieron olvidar tan pronto como aparecieron.
Noelia contó a Anna como había pasado las navidades y no omitió su desenfreno sexual con Mario y así le pareció liberar de su conciencia algo que no sabia muy bien que era. Por su parte Anna si evitó comentar su falta de actividad sexual y prefirió dejar que Noelia siguiera creyendo que Anna había vuelto a su rutina durante las navidades.

Pasaban las semanas y algo iba cambiando en la relación entre Anna y Noelia desde que después de separarse en navidad volvieran a encontrarse. Poco a poco,inconscientemente,
y sin saber ni como ni por qué y luchando contra ellas mismas, contra un deseo en sus interiores, Anna y Noelia fueron separándose. Ya no pasaban tanto tiempo juntas, incluso casi podría decirse que se evitaban. Anna volvía a salir con sus amigos londinenses y aun que seguía con su abstinencia sexual, algunos sábados demoraba su llegada a casa hasta altas horas de la madrugada para que Noelia creyera que había pasado la noche en la cama de algún amante. Por su parte Noelia había hecho algunos amigos entre los compañeros de estudio y sobre todo se empeñaba en mantener una relación más allá de las clases con su profesor de derecho y no perdía oportunidad para hacérselo saber a Anna.

Anna vivía atormentada con aquella situación. Añoraba aquellas largas tardes, Noelia y ella solas, escuchando música y charlando. Ahora las tardes y noches fuera de casa con sus amigos se le hacían eternas. Añoraba su voz y sus risas, su simple presencia le reconfortaba. Ahora tenia que conformarse con cada mañana antes de irse a trabajar , al igual que hizo el primer día, asomarse a la habitación de Noelia y por unos minutos contemplarla mientras dormía.

También era duro para Noelia. Ahora que había encontrado una verdadera amiga, alguien con quien compartir todos sus secretos, era justamente a quien no podía contárselos. Todo aquel paripé con su profesor, que interpretaba para disimular con Anna, la estaba volviendo loca. Deseaba volver a vivir la felicidad de las tres primeras semanas, pero sabia que no podía ser. Su relación con Anna debía de quedarse así, sobre todo, después de que un día, cuando por casualidad, al pasar por delante del baño, encontró la puerta entreabierta y se sorprendió a si misma mirando a hurtadillas mientras Anna se duchaba. La visión del perfecto cuerpo desnudo y mojado de Anna desató por un momento la imaginación y los instintos de Noelia que al volver en sí, quedó turbada y desconcertada. Esa noche apenas pudo dormir meditando sobre aquello que había pasado y que había sentido. Sin duda alguna, cuando su imaginación la llevó a recorrer con sus manos la suave piel de Anna bajo el agua, cuando sus labios recorrían cada centímetro de sus mojados pechos, fue la mejor sensación que había tenido en su vida, pero se convenció a si misma que aquello había sido fruto de llevar tanto tiempo sin sexo. Además estaba prometida, se casaría en poco más de tres meses y por otra parte Anna seguía acostándose cada semana con un hombre. Aquello era imposible, incluso mal sano , pensó. Debía alejarse de aquellos sentimientos lo antes posible.

En esas falsedades y juegos de disimulo andaban Anna y Noelia cuando una noche quedaron en un pub para tomar algo juntos, Anna y sus amigos por un lado y Noelia y el profesor Parker por otro. Noelia en su intención de hacer creer a Anna que tenia una relación con Parker que en cualquier momento podría pasar a más, hablaba de él a la menor ocasión, pero Anna aún no lo conocia en persona. Anna ya estaba en el pub, sentada con un par de amigos en una mesa al fondo, levantó la cabeza y vio venir a Noelia, pero al momento retiró su mirada de ella y la dirigió un metro más atrás. El Púb. estaba repleto, pero por detrás de un montón de cabezas pudo ver a su antiguo novio Chase. Meses atrás y aunque su relación había acabado hacía tres años, Chase y Anna habían tenido varios reencuentros esporádicos. A pesar de lo mal que llevaron su relación y su separación, seguían sintiendo una profunda atracción el uno por el otro, aunque ahora solamente sexual. Atracción que les hizo despertarse juntos más de una vez. En ese momento no le apetecía nada verle. Se dio la vuelta para que no la viera y esperó a que llegaran Noelia y el profesor. Noelia la abordó por detrás tapándole los ojos y dándole un beso en la mejilla. Anna se levantó para saludarles e invitarles a sentarse. Cuando se dio la vuelta quedó paralizada. Los engranajes de su cerebro comenzaron a rodar y en milésimas de segundo le cuadró todo. Noelia , a pesar de hablar constantemente de él, siempre le mencionaba como; mi profesor, profesor Parker o como Parker, jamás había mencionado su nombre de pila, Chase, su Chase. La veces que habían vuelto a acostarse, Chase y Anna tampoco habían hablado de sus vidas, ninguno de los dos deseaba retomar la relación sentimental y se habían limitado a banales conversaciones y al sexo, por eso Anna no sabia que Chase era ahora profesor de derecho en el London School y muchísimo menos que fuera el famoso profesor Parker de Noelia.
- Anna, este es Parker .- Comenzaba Noelia a hacer las presentaciones. Pero Anna seguía absorta encajando piezas.
- Anna, Anna .- Intentaba Noelia atraer su atención.
- Si, Chase Parker, ya nos conocemos .- Dijo Anna con aparente disgusto después de volver en sí.
- ¿ Como que os conocéis ? si es el primer año de Parker como profesor, no ha podido darte clase .- Preguntaba extrañada Noelia.
- Es Chase, mi ex .- Le aclaró Anna.
Noelia miró a Chase, pero este no decía nada, también estaba extrañado de aquella coincidencia, pero sobre todo estaba extrañado por la cada vez más notable irritación de Anna.
- ¿No te ha dicho que fuimos novios y que aunque lo dejamos hace tres años, aún nos acostamos de vez en cuando ? .- Dijo Anna sin dejar de mirar a Chase.
- No, no.. yo no.. yo no sabia…- Tartamudeaba Noelia estupefacta.
- Anna, ni Noelia sabia que tu y yo nos conociéramos, ni yo sabia que tu eras la amiga de Noelia, es todo una coincidencia .- Dijo por fin Chase intentando poner un poco de cordura en aquella situación.
- Chase, cállate ¿quieres? .- Le espetó Anna. – Te he sufrido durante más de seis meses y te conozco lo suficiente como para saber que tu estabas al corriente de todo y que has hecho lo imposible por que Noelia caiga en tus brazos.-
- ¿ Pero que estas diciendo ? ¿ te has vuelto loca ? ¿ Noelia y yo ? Pero si solo somos amigos.- Ahora era cuando Chase no entendía absolutamente nada. Para él Noelia no era mas que una alumna con la que tenia algo más de amistad que con el resto pero de ahí a lo que insinuaba Anna habia una largo trecho. Un largo trecho que Noelia se había encargado de reducir para Anna.
- Noelia, vamos, no quiero seguir aquí con este impresentable.- Concluyó Anna.
- Pero Anna, tranquilízate, no pasa nada Parker y yo somos solo amigos.- Ahora le costaría explicar a Anna lo que la había hecho pensar sobre ellos.
- ¿ No vienes ? Pues yo me voy.- Salió andando hacia la puerta sin ni siquiera despedirse de sus otros dos amigos que habían quedado expectantes sentados a la mesa.
La situación era bastante extraña. No había dado tiempo ni para las presentaciones y Noelia y Chase no conocían de nada a los amigos de Anna y allí estaban los cuatro, sin saber muy bien que decir, todos aún bastante chocados por la exagerada reacción de Anna.
Noelia se disculpó como pudo con los amigos de Anna y Chase y ella abandonaron el pub. Una vez fuera, tambien se disculpó con Chase y le propuso dejar la cita para mejor ocasión. Por supuesto Chase estuvo de acuerdo y Noelia fue en busca de Anna.

Anna había llegado apresuradamente a su casa y se tumbó sobre la cama. Poco a poco se fue serenando y empezó a asimilar lo que había ocurrido. Ahora, tranquila, sola, sosegada, no podía creer que hubiera tenido aquel ataque de celos. Ella no había sido jamás celosa en el tema del sexo. Si no había una relación sentimental, no le importaba lo más mínimo con quien se hubieran acostado o con quien se acostaran después sus amantes y desde luego, respecto a Chase, lo último que quería era volver a su antigua relación. No, no lo entendía.

Noelia no tardo en llegar. Entró en el piso y fue directamente a la habitación de Anna. La vio sentada sobre la cama, una lagrima caía por su mejilla. Anna acababa de comprender sus celos, no estaba celosa por Chase, estaba celosa por Noelia.
Noelia se sentó a su lado, le cogió la mano y con la otra limpio la lagrima de la mejilla de Anna. Seguían en silencio, mirándose a los ojos y Noelia también comprendió todo. Ninguna de las dos podía ya seguir fingiendo. Ninguna hablaba, no hacia falta, sus sentimientos atravesaban sus pieles y hablaban por ellas. Se amaban y se deseaban.
Se besaron y se amaron hasta caer rendidas de amor.

Por fin habían soltado el lastre de los sentimientos reprimidos, ahora se amaban cada noche como si fuera la primera, o la última. Ahora se sentían plenas, llenas de vida, de gozo, de felicidad. Vivian el momento, cada día, cada hora, cada segundo. Olvidaban hablar de lo inevitable, de la vuelta de Noelia a casa, de Mario, de la boda.

Pasaban las semanas y llegó la hora de que la madre de Noelia viajara a Londres para la prueba del vestido de novia. Anna y Noelia seguían comportándose como si nada pasara, o mejor dicho, como si nada tuviera que pasar. Fueron las tres a la prueba del vestido, se divirtieron y lo pasaron bien y la madre de Noelia no notó absolutamente nada, excepto en que su hija estaba muy contenta y feliz. Contenta por haber encontrado en Londres una amiga tan estupenda como Anna y feliz por su próxima boda con el amor de su vida. Para la madre de Noelia no había ninguna duda. Esa noche, Noelia dejó su cama a su madre y ella durmió en la cama con Anna, aunque en realidad eso es lo que llevaba haciendo semanas, solo que esa noche no hicieron el amor. Fue la primera vez que no lo hicieron desde la noche del encuentro con Chase.

había llegado mayo, Noelia había acabado su curso de postgrado y apenas faltaban treinta días para su boda. Llegó el momento de volver a la cruda realidad, de despertarse del dulce sueño en que vivían, llegó el momento de decidir. Era el momento de Noelia, era ella la que tenia que tomar uno u otro camino. Sin embargo y para sorpresa incluso suya, fue Anna quién decidió.
-    Noelia, acabo de sacarte un billete para que vuelvas a España, saldrás mañana mismo, ya deberías haber vuelto hace una semana.
-    ¿ Pero por qué? No lo entiendo ¿qué te ha ocurrido? Estamos bien, somos felices.
-    Aunque no te he dicho nada, yo he pensado mucho sobre nosotras, sobre todo he pensado en ti y he llegado a la conclusión de que debes ir con Mario, que es a quién..
-    Pero Anna no …
-    Por favor, escúchame. Tu y yo sabemos que debes volver, que debes casarte con Mario. Si no lo haces, lo lamentarás.
-    ¡ No Anna, no ¡
-    Tal vez hoy no, puede que mañana tampoco, pero sucederá algún día.
-    Pero ….  ¿ y nosotras ?
-    Siempre nos quedará Londres y estos seis maravillosos meses.
-    Yo nunca me olvidaré de ti.
-    Yo tampoco, pero es necesario que nos separemos. Hagamos el amor por ultima vez y prometamos que desde mañana no nos volveremos a ver.
-    No Anna. Yo volveré a España y me casaré con Mario, pero no renunciaré a ti. Puede que no nos volvamos a ver, pero jamás renunciaré a ti.

Noelia sintió un impulso irrefrenable de mirar hacia atrás, volvió la cabeza y entre los asistente de la ultima fila, vio a Anna. Anna estaba allí.
El rostro de Noelia había cambiado, ahora estaba lleno de luz, sus ojos brillaban de felicidad. Volvió a mirar al párroco mientras este repetía por segunda vez:
-    Noelia, ¿quieres por esposo a Mario y prometes amarle, respetarle y serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza?


Fin


Jan. 10th, 2008

depredador

DEPREDADOR

Hacia años que Andrea no se sentía tan feliz, se sentía tranquila, sosegada, en paz, como en una nube, como en un interminable sueño. Un cadente pitido sonaba a su derecha.

Su vida hasta entonces había sido como la de cualquier otra mujer de clase media, casada a los veinte y pocos y con un par de niños antes de los treinta. Enamorada los primeros años de casada, feliz con el nacimiento de las gemelas. Pasaban los años y el sentimiento hacia Daniel, su marido, pasaba de amor a cariño, de cariño a indiferencia y de indiferencia a resentimiento. Andrea aguantó lo que pudo, sobre todo por las gemelas, pero la cuerda se tensó demasiado y acabó por romperse.

Separada antes de los cuarenta, se dijo que debería volver a intentarlo, que se lo merecía. No era fácil con dos niñas de 9 años, si los hombres rehúyen el compromiso con una mujer soltera y sin cargas, que no harían con una mujer en su situación. Aún así, iba a intentarlo, era bastante guapa, aún no había perdido del todo la figura de sus 20 años y tenia la edad justa para atraer tanto a hombres un poco mas jóvenes que ella como mas maduros.

Andrea buscó en su agenda el numero de Kim, una chica rusa de 22 años a la que ya había confiado otras veces a las gemelas, la llamó y quedó con ella para que le hiciera de canguro esa noche.
Eran las nueve de la noche, acostó a las niñas.Kim llegaría a las diez, tenia el tiempo justo para arreglarse.
Se dio una ducha rápida , se secó el pelo y se maquilló. Eligió el vestido, no le fue muy complicado, tampoco podía permitirse tener un buen fondo de armario, así que tenia poco donde elegir.Las medias, los zapatos, terminó de peinarse, se dio el ultimo retoque de maquillaje y se perfumó.
Las diez en punto, Kim ya había llegado y había recibido las oportunas instrucciones. Subió a por el bolso y recogió de la mesilla el flyer con la dirección  del Single´s Bar.

El taxi la dejó justo delante del neón de Single´s Bar. A pesar de no haber estado nunca allí, creía recodar aquel neón, no sabia donde lo había visto, pero le sonaba.
El bar no se diferenciaba mucho de cualquier otro bar de copas, la excepción debería de ser la clientela, normalmente “singles”, que es como se les llamaba ahora a las personas desparejadas, de entre treinta y tantos a cincuenta y pocos con la casi exclusiva intención de dejar de ser “singles” .

Se sentó en un taburete junto a la barra, pidió un Martini al camarero y sacó un cigarrillo de la tabaquera. Antes de que pudiera haberlo acercado a sus labios, ya tenia la llama de un encendedor frente a sus ojos. Encendió el cigarrillo y dio las gracias amablemente. El hombre se presentó, se llamaba Esteban. No más de cuarenta años, uno setenta y tantos, ochenta kilos, no es que fuera guapo pero su rostro infundía cierto interés.

Charlaron durante más de una hora y Andrea se tomó como tres o cuatro Martinis más, hacia tiempo que no bebía y el alcohol ya había sonrojado sus mejillas y difuminado su vergüenza inicial. La conversación se encaminaba irremediablemente a un terreno mas personal. No es que Andrea hubiera ido allí con ninguna intención en concreto, pero empezó a acariciar la idea de dejarse llevar y no retirarse si aquello podía terminar en sexo, después de todo llevaba meses sin hacerlo y las ultimas y contadas veces con su marido habían sido realmente desastrosas.

Salieron del bar y volvieron la primera esquina, allí debería estar aparcado el coche de Esteban. Era un oscuro callejón y a la mente de Andrea vino la imagen del neón del bar, lo había visto hacia unas semanas en el noticiero, salió en una noticia sobre la violación y asesinato de una mujer en un callejón anejo a aquel bar. Sintió el tacto de un pañuelo de seda apretando su cuello.

El pitido seguía sonando regular y cadente a su lado derecho, le parecía sentir una leve presión en el dedo corazón, pero seguía feliz, sumida en esa nube, en ese sueño cada vez más soporífero. El rítmico pitido dejó su cadencia y se convirtió en un largo pitido sin fin.
judit

HISTORIA DE LA REINA NEGRA (Episodio II)

Tras la victoria de la novena partida, la Reina Negra se dispuso a volver a su posición, a su casilla  d8, allí se sentía cómoda, segura, protegida.
De pronto, bajo sus pies, aquel cuadriculado tablero empezó a retemblar, las casillas se desencajaban y se transformaban, todo comenzó a dar vueltas y todo fue engullido por una enorme espiral sin fin que la atrapó y la condujo a través de ella en un viaje sin retorno. De repente, igual que había empezado, todo se calmó, la espiral se desvaneció junto con el antiguo tablero de ajedrez. La Reina Negra se encontró en un mundo nuevo. Un mundo lleno de súbditos que la aclamaban, un mundo que le ofrecía nuevas y maravillosas experiencias, un mundo que se le antojaba feliz.

Pero la Reina Negra debería ser cauta, en aquel mundo no todo era tan maravilloso como parecía, aquel mundo también estaba sembrado de trampas y de tramposos, de numerosos peligros y sobre todo, aquel mundo estaba envuelto por una terrible y maravillosa Fuerza capaz de darte todo o de destruirte. La verdadera cuestión, estaba en ser capaz de controlar aquella Fuerza. Cuantos como ella habían llegado hasta aquel mundo a través de las partidas de G.H., el gran Maestro de Ajedrez y habían sido devorados por aquella magnifica Fuerza.
Fueron muchos los que sucumbieron ante los cantos de sirena de la Fuerza y muy pocos los que habían conseguido dominarla pues no era nada fácil. La Fuerza se servia de numerosos instrumentos con los que doblegar a los débiles, tenía innumerables siervos, ruines y miserables, monstruos dotados de viperinas lenguas, de largos tentáculos que todo abarcaban, de infernales artefactos a través de los cuales exhibía las miserias de los más incautos. Todo un ejercito con el que devoraba a todo aquel que sin un mínimo de inteligencia o de valía se atreviera a desafiarle.

Ciertamente un gran peligro se cernía sobre la Reina Negra. Pero ella era fuerte e inteligente y tenía a sus súbditos, dispuestos a darlo todo por ella y lo más importante, la Reina Negra contaba con un ejercito, un poderoso ejercito que luchaba por ella en un mundo paralelo y que al igual que luchó para conseguir su victoria en la novena partida, esta vez luchará para que su Reina Negra pueda doblegar a la Fuerza.

                                                                                                              Continuará …….
tirant

TIRANTE EL BLANCO Y LA EMPERATRIZ JUDIT

Mi nombre es Coto y es por deseo expreso de mi Señor, el valeroso Caballero Tirante El Blanco, que os he de relatar la más grande historia de cuantas andanzas, aventuras y desventuras hubieran de acontecernos a mi Señor Tirante y a mí mismo.

Corría el año 1401 de Nuestro Señor Jesucristo, llevábamos meses descabalgados en el castillo, sin una mala batalla que llevarnos a las espadas, esperando que algún Rey , Papa, Obispo, Príncipe, dama, noble o vasallo requiriera de nuestros servicios para combatir por el Imperio, la Cristiandad, el honor o el derecho de los hombres libres.
Así transcurrían los días, hasta que empezaron a correr rumores de que se acercaba un mensajero que traía nuevas desde la capital del Imperio, la magnífica Constantinopla.

Amanecía aquella fría mañana de un casi concluso mes de enero, el sol comenzaba a asomar tibiamente tras la torre de la vela que era la más orientada hacia oriente, la trompeta del vigía resonó en el patio de armas desde la torre del vigía, rebotando en sus paredes e introduciéndose por puertas y ventanas hacia todas las estancias del castillo, en pocos minutos todo el castillo sabia ya de la llegada del enviado del Emperador.
Fui yo mismo quien salio a recibirlo hasta la misma puerta del castillo, el jinete se acercaba despacio, dando tiempo a que los hombres bajaran el puente para poder atravesar el foso y entrar directamente en el patio de armas. El jinete, cabalgado a lomos de un soberbio caballo árabe al que Andalla, que así se llamaba el enviado del emperador, no había querido y no sin razón, dejar y cambiar durante la travesia por otros caballos mas frescos, teniendo así que dejarlo descansar seis u ocho veces cada jornada y retrasando su llegada a las tierras de Tirante al menos una semana. Andalla, aunque musulmán de origen, llevaba casi toda su vida al servicio del Emperador de la cristiandad, le había sido entregado por su padre, un Príncipe musulmán, al que el Emperador, momentos antes de arrebatarle la vida, en una de las numerosas cruzadas contra los infieles y en homenaje a la valentía y honor que aquel Príncipe musulmán había demostrado, el emperador juró perdonarle la vida y acogerle bajo su tutela.Desde entonces, Andalla y la Princesa que tenia mas o menos los mismos años, se habían convertido en grandes amigos y más adelante en confidentes uno del otro, con sus largas charlas en palacio sobre lo divino y lo humano.
Andalla descabalgo y yo me acerque a él para darle la bienvenida y hacerle llegar las ordenes de mi Señor.
-    En nombre de mi Señor, Tirante El Blanco os doy la bienvenida a este su humilde castillo y os ruego me sigáis presto a hacerle llegar las noticias que traéis desde Bizancio, mi Señor os espera impaciente.
-    No le hagamos esperar, pues.
Di media vuelta y me dirigí con paso ligero hacia la torre del homenaje, donde Tirante esperaba las noticias del otro lado del Mediterráneo.
Andalla había dejado el caballo, su escudo y su espada a los mozos de caballería y me seguía con paso igualmente ligero.
Llegamos a la estancia donde Tirante esperaba andando y desandando un corto camino delante una chimenea donde la lumbre se esforzaba inútilmente por calentar aquella estancia que a todas luces era mucho mas grande de lo que aquel fuego podía calentar.
-    Mi Señor, este es Andalla, viene desde Constantinopla y trae para vos un mensaje del Emperador. - Dije mirando primero a Andalla y dirigiéndome después a Tirante.
-    Sea pues, Andalla, no lo demores más, dinos ya que es lo que tiene que decirnos el Emperador. – Le apremió Tirante.
Andalla llevó su mano a la cintura y se sacó un pergamino que se dispuso a leerle a Tirante.
-    Valeroso caballero, Tirante El Blanco, el Imperio está siendo asediado por el ejercito turco, ayudado por el moro Olhi Ber Qbir y por las huestes de un capitán del ejercito del imperio llamado Don Rodrigo que a traicionado a su fe y a su emperador por la promesa de los turcos de darle todas las ciudades que en su nombre conquiste. En el día de escribiros esta misiva ya hemos perdido numerosas ciudades y se están acercando peligrosamente a Constantinopla, el Príncipe está luchando con nuestros ejércitos, pero no sabemos cuanto podrá resistir sin refuerzos. Os ruego pues que vengáis presto en su ayuda, mi fiel embajador Andalla, os entregará un salvoconducto con el sello del Emperador que os servirá para armar a vuestros hombres que embarcareis en una flota con varios bajeles y carabelas y que os esperan en puerto listas para zarpar, cuando arribéis en Constantinopla os esperará una caballería para que montéis a vuestros caballeros y partáis lo antes posible en ayuda del Príncipe. Quiera nuestro Señor que estas palabras os lleguen prestas y a Dios y a Vos encomendamos el futuro de Bizancio. – Andalla acabó de leer el pergamino y entregó a Tirante el salvoconducto para armar a sus hombres.

Preparamos la partida y cada cual se despidió de sus familias y amistades. Tirante no dejaba a nadie pues era un caballero andante con cientos de damas en su corazón pero ninguna en el hogar. Yo habría de despedirme por primera vez de mi dulce y bella esposa Karen, hacía tan solo unos meses que habíamos celebrado nuestros esponsales después de venir de la ultima campaña en unas lejanas islas mas allá de la costa occidental de África, donde nos conocimos y enamoramos. Fue un momento duro y doloroso, mas aún que cualquier herida infligida por la mas afilada espada, pero mi deber como escudero me llevaba al lado de mi Señor.

Zarpamos en dos carabelas repletas de hombres dispuestos a luchar por la cristiandad y también  por una buena bolsa de follaros, que si bien no les haría ricos, a algunos les serviría para dar de comer a sus familias durante un par de años y a otros para un par de semanas de mucho juego y mucho vino en tabernas y burdeles de Constantinopla. También llevábamos dos bajeles, en uno viajaba toda la intendencia, armas, armaduras, enseres personales de los soldados y la comida y el agua para la travesía. En el otro y comandando la pequeña flota, viajábamos mi Señor Tirante y yo mismo junto a sus lugartenientes. El capitán de aquel bajel era Dadi, un buen amigo de Tirante, curtido junto a él en mil batallas y experto navegante de las rutas marítimas bizantinas.

A tan solo una jornada de arribar por fin a puerto, el vigía de una de las carabelas dio la voz de “nave a la vista”. Hacia nuestro bajel , se acercaba una pequeña embarcación de una sola vela y que abordo traía dos hombres ataviados con lujosas telas y alhajas aunque bastante desaliñados seguramente por las inclemencias del viaje, que una vez llegados a la par del bajel pidieron permiso para abordarlo ya que traían importantes noticias de Constantinopla.
Los dos hombres, que debían ser nobles de la corte, subieron al bajel por una escala que les lanzaron por el lado de estribor.
       -   Valeroso caballero Tirante El Blanco . – Comenzó a decir uno de los hombres.
 -   Una gran pena aflige mi corazón, al tener que ser yo quien de a Vos las tristes noticias que os traigo de Constantinopla.
Tirante escuchaba atento a aquel hombre, pero ante las palabras que llegaban a sus oídos ya se atisbaba en su rostro un claro gesto de preocupación.
-    Hace dos días y aprovechando la desprotección de Constantinopla ya que todo nuestro ejercito está luchando junto al Príncipe contra las hordas turcas. El moro Olhi Ber Qbir con los mejores hombres de su guardia personal, asaltó el palacio y asesinó al Emperador y a la Emperatriz y retiene prisionera a la Princesa Judit, a la espera de que sus aliadas las Sultanas del Imperio Turco, venzan al Príncipe y conquisten Constantinopla.
-    Nosotros, -comenzó a decir el segundo hombre – sabedores de vuestra pronta llegada,hicimos lo imposible por escapar al asedio del moro y nos hicimos de inmediato a la mar para avisaros de tal desgracia y deciros que el moro no está al corriente de vuestra llegada a Constantinopla y puesto que se ha hecho fuerte en el palacio junto con todos sus hombres y solo espera noticias de las turcas, es muy posible que podáis cogerlo desprevenido y liberar a nuestra Princesa y a toda su corte que está retenida con ella. En Vos, Tirante El Blanco confió el Imperio nuestro Emperador y es ahora cuando debéis demostrar esa fama que os precede y….
-    No dudéis ni un momento- lo cortó en seco Tirante – que ese maldito moro pagará con su vida tales ofensas, que rescataré a la Princesa y que acabaré con la vida de las turcas, del traidor capitán y de todo aquel que ose levantarse en armas contra el Imperio, así lo juro ante Dios y ante los hombres.

Esperaron que cayera la noche para arribar a puerto, primero y lo mas sigilosamente posible, desembarco una avanzadilla en pequeños botes, las naves se habían quedado fuera de puerto para no levantar sospechas. Aquella avanzadilla estaba compuesta por Tirante, yo mismo, el emisario del Emperador, Andalla, los lugartenientes y un puñado de los mejores hombres del ejercito de Tirante, si todo salía bien, no haría falta más.
Fue Andalla el encargado de trasmitir al moro el mensaje de Tirante.
-    Os traigo un mensaje del valeroso caballero Tirante El Blanco que en nombre del Imperio, os ordena que os rindáis y entreguéis a la Princesa sana y salva , esa será la única manera de que conservéis vuestra cabeza sobre los hombros, de lo contrario, vendrá con todo su ejercito que tiene apostado en el puerto y arrasará el palacio y os infringirá el mas doloroso castigo que jamás halláis imaginado.-voceo Andalla ante las puertas del palacio en aquella endemoniada lengua infiel que salvo los moros, nadie entendía.
-    Decidle a ese Tirante –respondió Olhi Ber Qbir en la misma endemoniada lengua- que si uno solo de sus soldados sale del puerto, antes de que llegue a las puertas del palacio, vuestra preciosa Princesa y sus damas, serán violadas por todos mis hombres y después, pasadas por sus cuchillos.
El moro estaba seguro de que ni Tirante ni nadie, arriesgaría la vida de la Princesa, por que posiblemente, ella era la ultima esperanza que tenia el Imperio de volver a contar con un Emperador, mientras, él ganaría tiempo y podría esperar la llegada de las turcas.
Entretanto, Tirante y yo nos habíamos acercado junto a Andalla a las puertas del palacio, para desde allí poder ver cuando los lugartenientes asomaran por las ventanas, hacia rato que ellos y los hombres de Tirante habían asaltado por sorpresa los muros del palacio, se adentraron sigilosamente por los pasillos y corredizos hasta la cámara de la Princesa que aunque fuertemente custodiada por cuatro moros en la puerta y otros cuatro dentro, fueron muertos por sorpresa por silenciosas flechas de ballestas que les llegaron desde las esquinas del pasillo a los de fuera y desde la ventana de la cámara a los de dentro.
El grueso del ejercito de Tirante, subía ahora calle arriba hacia el palacio, el moro quedó sorprendido por aquella inesperada visión, se volvió rápidamente como buscando el consejo de su guardia, pero lo que vio le nublo la vista e hizo que flaquearan sus piernas, las cabezas de sus guardias chorreaban sangre prendidas de las lanzas de los hombres de Tirante.
El moro fue llevado ante Tirante, que ataviado con su reluciente armadura esperaba al moro espada en mano. Lo pusieron de rodillas ante él y mientras Tirante levantaba la espada, del galillo del moro comenzó a salir un horrible canto en esa maldita lengua infiel, aquella debía de ser la manera del moro de despedirse de este mundo y Tirante de un seco golpe con su espada decapitó al moro infiel, librando a los hombres de aquel horrible canto para siempre.

En las cámaras reales, la Princesa Judit era vestida por sus damas para recibir como merecía  a su rescatador. La Princesa no conocía todavía  a Tirante, pero ya se había encargado Andalla de ponerla al día sobre él, pero solo sobre la valentía y las hazañas de Tirante, que siendo él como era hombre y a la vez musulmán, se guardaba mucho de opinar sobre el físico de otros hombres, seria Dulceamordemivida, que así tubo a bien de llamarla su padre, la mas joven y alocada dama de la Princesa, la que describiría con todo lujo de detalles la anatomía de mi Señor Tirante El Blanco. Amor, que así quería la joven que la llamasen, era todo fuego y pasión andaba todo el día detrás de cualquier mancebo que andara por palacio o fuera de él, pero ya se guardaba ella mucho de alguna vez ser desflorada por delante, que había prometido a su madre que no lo haría hasta que los físicos le dieran el remedio para el secreto que ella celosamente creía guardar y que era cantado a los cuatro vientos, celosa de la juventud y lozanía que derrochaba Amor por Rebeca una vieja meretriz borracha que pululaba por los alrededores de palacio vendiendo sus pellejos por un jarro de vino o una simple brizna de fuego. Pauliña era otra de las damas de la Princesa, Pauliña era una joven de piel morena, pelo azabache y voluptuosos pechos que siempre parecían querer salir a respirar al balcón de su escote, pues estaban ahogados por el corpiño.Pauliña ahora parecía mas tranquila y reposada, pero no hacia mucho que había perdido la cabeza por un truhán que con sus hoyuelos en las mejillas y su sonrisa arrebatadora había enamorado a Pauliña para luego despreciarla y un buen día desaparecer.Lucia era la mayor de las damas de la Princesa, había estado enamorada del ahora traidor capitán Don Rodrigo quien no le correspondía, pues él estaba enamorado de una dama del reino de Valencia llamada Melania que había sido dada en tutela por el Rey de Valencia a la corte bizantina y a la que el Emperador había dado en matrimonio a un apuesto Príncipe italiano llamado Piero Mencanta, tal vez fue por eso que Don Rodrigo traicionó al Emperador y no por la promesa de las turcas de concederle las ciudades conquistadas, en cualquier caso ya no había remedio para el corazón de Don Rodrigo que despechado se desposó con una judía toledana, mujer celosa y arpía a la que su anterior prometido arto de sus desplantes, sus enfermizos celos y de toda ella, había dejado plantada en el altar de la sinagoga un nueve de febrero, día en que habría de celebrarse tan anunciada boda.

En los salones de palacio esperaba Tirante a ser recibido por la Princesa Judit. Por la puerta de la antesala apareció la figura de Judit, una paso tras de ella, sus tres damas.La princesa avanzó por el salón hasta llegar a donde estaba Tirante, que puso rodilla en tierra y con gesto de sumisión besó su mano.
-    Levantaos valeroso caballero, soy yo quien deberia postrarse a vuestros pies, pues sin Vos, seguramente ahora seria muerta y violada por esos perros moros que asesinaron a mis padres.
Tirante levanto la cabeza y vio por primera vez aquel rostro angelical, iluminado por los tibios rayos de sol que entraban por la cristalera que había frente a la Princesa, aquella blanca tez, fina y tersa que contrastaba con el negro de su melena, aquellos grandes y negros ojos, aquellos rojos labios, aquellos firmes pechos, Dios, que hermosa era Judit.
-    Mi Señora -dijo Tirante – solo hice lo que me fue encomendado y aún me queda mucho para terminar mi tarea, he de salir pronto en ayuda de vuestro hermano el Príncipe, que según los últimos informes está siendo asediado por el traidor Don Rodrigo y después de dar muerte a ese sucio traidor he de descabezar a esa serpiente de dos cabezas que dirige a los turcos.
-    Ve pues, Tirante, defiende la cristiandad de los perros infieles que quieren arrebatárnosla, a Dios y a Nuestro Señor Jesucristo os encomiendo para tan noble y difícil tarea.

El ejercito con Tirante a la cabeza, partió a la madrugada, dirigiéndose a San Jorge, que ya había sido conquistada por Don Rodrigo y que desgraciadamente a esas horas ya había dado muerte al Príncipe.
El capitán Don Rodrigo, no esperó a que Tirante entrase con su ejercito en San Jorge y salió a recibirlo en campo abierto, la batalla aunque cruenta, no duró mucho, los hombres de Tirante eran más y además es sabido por todos que un hombre no lucha igual cuando lo hace movido por el dinero que cuando lo hace con el corazón, por su Emperador y por su fe. Cuando Don Rodrigo dio la batalla por perdida, intentó huir, cabalgó su caballo y dando espuela se alejó pisoteando los cadáveres de los hombres muertos en la batalla, pero Tirante ya sabia que lo haría, pues es lo que suelen hacer los cobardes como Don Rodrigo, no lo cogió desprevenido y salió tras él, tras no mas de una milla, casi le había dado alcance y con la espada levantada en la mano derecha, dio un tajo en el cuello de Don Rodrigo, cuya cabeza rodó por la hierba, mientras el caballo seguía corriendo con el jinete sin cabeza.

Despejaron de cadáveres el campo de batalla, pues seria allí mismo donde en un par de días, Tirante y su ejercito junto con lo que quedaba del ejercito del Príncipe, se medirían en singular batalla con las hordas turcas dirigidas por las Sultanas.
Era inédito que una mujer fuese Sultana de los turcos y mucho menos dos hermanas a la vez, pero aquellas víboras, junto a su madre se habían encargado personalmente de que cuantos herederos varones tuviera el Sultán con alguna de sus múltiples esposas, murieran por una u otra causa, hasta que tras la muerte del Sultán Suliman, solo las dos gemelas permanecían con vida para reclamar el Sultanado turco. En realidad el cargo le correspondía a la primogénita, es decir a la que hubiera nacido en primer lugar, pero la noche del parto en que fueron alumbradas, las habían intercambiado antes de haber marcado a la primera con alguna seña que la distinguiera como la mayor y puesto que eran como dos gotas de agua, jamás supieron cual nació antes y cual después, aspirando las dos por igual al Sultanado turco.
Los dos ejércitos se posicionaron en el campo de batalla, el turco con la caballería delante, soldados de a pié detrás y por ultimo los arqueros, El ejercito de Tirante se dispuso con los soldados de a pié en primera fila, seguidos de la caballería y tras ellos los ballesteros y los arqueros. Así estuvieron sin moverse de sus posiciones casi una hora, hasta que el sol alcanzó el punto mas alto en el cielo, fue entonces cuando Tirante bajó la visera de su yelmo y con la espada en alto, bajó el brazo y todo su ejercito gritó al unísono; “por la Emperatriz” y corrieron hacia el ejercito turco. Por su parte, las Sultanas hicieron lo propio, pero el grito de guerra de los turcos fue un desconcertante “Los Palacios”, Tirante no sabia a que venia aquel grito pero ya daba igual, la suerte estaba echada.
Los caballeros turcos habían llegado a los soldados de Tirante, las palabras de los lugartenientes resonaban en sus cabezas; “ primero matas al caballo del turco y luego matas al turco, primero al caballo en la yugular de la bestia y luego le metes al turco el venablo por el ojo”. En pocos minutos un fuerte olor a sangre invadía todo el campo de batalla, la sangre que los caballos derramaban a litros tras ser seccionados sus cuellos por las cuchillas de los soldados y la sangre de los caballeros turcos que tras el degüello de sus caballos caían al suelo y eran rematados por las lanzas de los soldados.Así lucharon hasta que quedaron en pié pocos caballeros turcos, los soldados de Tirante se retiraron y dejaron paso a la caballería que arrasó a los soldados turcos mientras los arqueros de retaguardia huían campo a traves.Los ballesteros de Tirante remataban en el suelo a los heridos turcos y la caballería hacia prisioneros a los pocos caballeros que habían quedado en pié, entre ellos las Sultanas.

Las sultanas fueron conducidas a Constantinopla y delante de la ya proclamada Emperatriz Judit y de toda la cristiandad, fueron ajusticiadas y decapitadas como Tirante El Blanco había jurado hacer.

La Princesa se había convertido en Emperatriz y ahora solo faltaba buscar un Emperador.Hacia unos años, Judit había soñado desposarse con un joven y fornido viajero de las tierras del norte del que se había enamorado durante su estancia en palacio, lo había cuidado ella misma durante una dura enfermedad que sufrió, pero aquel joven no se enamoraba de nadie salvo de sí mismo, un buen día tras reponerse de su enfermedad, desapareció de palacio sin dejar rastro y desde entonces corría la leyenda de que fue el mismo demonio quién se lo llevó para cobrarse la deuda contraída con él por Eneko, que le vendió su alma a cambio de cien años de juventud.
La Emperatriz también pensó en Tirante como su esposo y Emperador, pero no podía ser, de todos es bien sabido que los caballeros andantes enamoran a sus damas y se enamoran de ellas, pero nunca desposan con ellas, pues tarde o temprano llegará el día en que cualquier otra dama requiera de sus servicios e irremediablemente el caballero partirá en su ayuda.
Ni Judit ni los consejeros del Imperio se preocuparon más por aquel tema, era claro que con la belleza e inteligencia de Judit no faltarían pretendientes y ella se tomaría su tiempo para elegir aquel que le hiciera alegrar el corazón y el alma entera.

Partimos pues de nuevo hacia nuestra patria y a la espera de mas andanzas y aventuras, mi Señor Tirante El Blanco y yo Coto su fiel escudero, regocijábamos nuestro alma con los bellos recuerdos que la Emperatriz Judit había dejado en nuestros corazones.

FIN

Dec. 31st, 2007

judit

EL MAESTRO DE AJEDREZ O LA HISTORIA DE LA REINA NEGRA



Hace más de tres meses, Gary Hasparov, el Gran Maestro de ajedrez, comenzó su novena partida, hoy la ha acabado y la ha ganado, como casi siempre.
Esta vez, eligió negras y trazó su plan, su famoso plan, sorprender una y otra vez a su rival, no darle tregua y desconcertarle en sus cabalas sobre cual seria la siguiente pieza que quitaría del tablero.
Comenzó la partida, a simple vista como siempre, pero nada más lejos de la realidad y aunque su oponente no se dio ni cuenta, el publico que asistía fiel a aquellas famosas partidas ya empezó a atisbar parte del plan que Gary Hasparov había preparado para aquella novena partida.
Duplicó fichas, haciendo creer a su rival que era una sola, metió un alfil haciéndolo pasar por una torre, aunque la verdad es que siempre lo movió en horizontal y en vertical, como si de una torre verdadera se tratara, lo primero que hizo fue sacrificar al peón que nunca debió poner en aquella complicada partida, hizo creer que perdía un caballo y un alfil, para luego volver entrarlos, por fin reveló a su rival que uno de sus caballos no era uno, si no dos, aunque seria limpio y lo haría jugar como si de uno solo se tratara, se dejó arrebatar su torre/alfil, aunque para ella, aún había guardada otra genial jugada, y he te aquí que después de dos semanas de partida, el Maestro Gary Hasparov, se dispuso a dar su golpe maestro, tan sutilmente que nadie se enteró, ni su rival ni el publico, como si de un lance más del juego se tratara, sacrificó a otro de sus peones para poder dejar entrar en la partida a su Reina Negra y fue entonces cuando empezó la verdadera partida, Gary Hasparov jugó magistralmente con su Reina Negra, la movía despacio, de casilla en casilla, como máximo dos o tres casillas de una sola vez para que su rival no se diera cuenta de que le tenia reservado algo más grande, la movía de un lado a otro para evitar mas bajas de las necesarias entre sus fichas, incluso estuvo a punto de sacrificarla alguna que otra vez en favor de algún alfil o caballo, menos mal que no lo hizo.
Transcurrían las semanas y del tablero iban desapareciendo las fichas, que si algunos peones, que si la torre/alfil, que si dos alfiles más, el gran caballo negro y una torre, esta ultima, sacrificada después de su mejor jugada, un jaque al Rey con su Reina Negra. Ya solo le quedaban sobre el tablero, cuatro fichas negras, un peón, el caballo doble, el Rey y la Reina Negra y fue en este punto donde el Gran Maestro de ajedrez Gary Hasparov se dio cuenta que aquella no era otra de sus tantas partidas de ajedrez, aquella partida era… , era algo especial, rara e insólita, fijó su vista sobre el tablero y vio que en aquel tablero solo había cuatro fichas negras, que no había fichas blancas, miró al frente y vio que no había rival.Además esas cuatro fichas habían cobrado vida y ya no necesitaban de su mano para moverse, se movían solas en aquel pequeño y cuadrado tablero, se frotó los ojos, incrédulo ante aquella situación, pero poco a poco se dejó llevar y se dispuso a contemplar el fin de aquella insólita partida como si de un espectador mas se tratara.
Las fichas jugaban la partida, aparentemente sin contrincante, aun que desde las gradas e incluso desde la silla frente al tablero de Gary Hasparov, se podía ver perfectamente como el caballo doble, el peón y el Rey, si podían se alejaban de la Reina Negra y cuando se les veia a los cuatro juntos, los tres intentaban derribar y sacar del tablero a la Reina Negra. Pero la gran Reina Negra, tal y como había hecho durante toda la partida, no se dejó llevar por la ira y otra vez más templo sus nervios y continuó jugando hasta que vio a las otras tres fichas tan confiadas que decidió acabar allí mismo aquella insólita novena partida.
Empezó por el peón, una pieza que jamás debió llegar hasta allí si no hubiera sido por aquel caballo doble que en todo momento estuvo a las ordenes de aquel flojo peón, lo pilló por sorpresa, igual que al caballo doble y al Rey y de un sutil golpe, lo sacó del tablero. En aquél momento el caballo doble y el Rey se quedaron totalmente desconcertados, nunca imaginaron que aquella Reina Negra que había empezado la partida demasiado tarde y que solo se movía de casilla en casilla, les estuviera atacando y mucho menos ganando.
La Reina Negra aprovechó la confusión del momento y fue directamente a por el Rey, esta vez no avanzó de una en una, cruzó en diagonal todo el tablero y empujó fuera de él al Rey. Jaque mate, pensaron todos, pero no, aquella no era una partida normal y aún no había acabado, quedaba el caballo doble, quedaba lo mas difícil o eso era al menos lo que todos pensaron incluida la propia Reina Negra, pero una vez llegado a esas alturas de la partida y sin su peón y su Rey, el caballo doble ya se había rendido y se dejó empujar fuera del tablero por aquella Reina Negra a la que todas
las fichas habían subestimado desde el principio.
Y allí, en aquél inmenso y cuadriculado tablero, quedó sola aquella Reina Negra ganadora de la novena partida, sola como lo había estado durante casi toda la partida, sola, pero esta vez orgullosa, orgullosa de ser como era, orgullosa y feliz, feliz de ver a toda aquella grada sonriendo por ella y por su victoria y allí quedó llorando por tantos y tantos recuerdos de aquella maravillosa e insolita partida que jamás volvería a vivir.
El Gran Maestro de ajedrez Gary Hasparov, se levantó del tablero y se despidió del publico hasta la décima partida, pero sabiendo que esa décima partida y todas las que viniesen después, nunca serian como aquella partida, aquella novena partida donde ganó su Gran Reina Negra
.
Fin.



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